ESCENA PRIMERA
(Moncada, Don Alvar)
MONCADA.
Por fin estamos solos, esa gente importuna1
Que atrae hacia mí mi próspera fortuna2
Me trata esta mañana tan favorablemente,3
Que puedo, Don Alvar, escapar un instante:4
Démosle un caro tiempo al fuego que me inspira,5
Pues sobre esta terraza se hospeda Lindamira,6
Intentémosla ver.7
DON ALVAR.
Semejante intención
Os ha hecho olvidar que es un poco temprano.8
MONCADA.
Pero necesitaba mostrar tal diligencia9
Para huir de la vista de los aduladores10
Que agobian de atenciones, pues cuando al Favorito11
la suerte le permite escapar sin testigos,12
y a pesar del fastidio de su solicitud,13
Le dejan disfrutar de algo de soledad14
Y esconder su destino de los curiosos pasos,15
O es muy diligente o los Dioses le estiman.16
DON ALVAR.
¿Cómo? ¿Seguís sintiendo tal disgusto espantoso?17
¿Cómo? ¿Vuestro favor os molesta y agobia?18
¿La suerte de ser grande, temido y estimado19
No os ha hecho amar de “favorito” el nombre?20
MONCADA.
Aunque de tan gran nombre haga yo poco caso21
Sé distinguir muy bien del honor la vergüenza:22
El placer de encontrarme en un empleo ilustre23
El servir al estado, a mi Rey, mis amigos24
La dicha de gozar de mi Señor las gracias,25
Con devoción acoge mi humilde corazón:26
Mas de todo ese honor recojo pocos frutos27
Cuando miro de frente el esfuerzo que cuesta;28
Si pudieras saber al vivirlo en tus carnes29
Lo que es un favorito según la voz del pueblo,30
Y las trampas secretas que a sus pasos le tienden,31
Mi desprecio del rango poco te extrañaría.32
Pues el hombre que alcanza este grado supremo33
Debe desconfiar de todos y de él mismo:34
Que al verse seducido de una calma aparente,35
Se duerme confiado del viento que le mata;36
Para probar los frutos de la sabiduría,37
Se abandona entero a sus exquisiteces38
Y se cree inocente de faltar contra el Rey39
Cuando en su casa se hace el Rey de los deleites.40
Sabed pues, Don Alvar, que otras leyes se hallan41
para los soberanos, pues existe algún crimen42
que aunque no está observado por la Ley general43
hiere hasta en lo más hondo a la gente Real.44
El más alto poder le otorga el Cielo al Príncipe,45
Desde que nace tiene el derecho a mandar:46
Mas la gracia mundana y el innato talento47
Que son de hombre galante más que de soberano,48
Puede el Príncipe solo deberlas a sí mismo,49
Causándole más celos que el supremo poder,50
Pues en estos asuntos, un sabio favorito,51
Prudente, ha de evitar entrarle en concurrencia52
Y debe todo el tiempo velar por su persona53
Pues si el monarca cela de algún proyecto suyo,54
Temerlo deberemos, pues de todo es capaz,55
Y su menor deseo, es deseo celoso.56
DON ALVAR
Vos desplegáis en vano esta frívola queja,57
Estáis muy por encima de tal clase de enojos,58
Vuestra virtud, linaje, cuidado del Estado,59
Merecen para vos que gocéis de tal rango;60
La Fortuna no quiere más que haceros justicia,61
Es más, estos favores no surgen del capricho,62
Pues muchos más tendríais según vuestras proezas.63
Sabemos que Moncada que es de estirpe real,64
Y que desde que el Rey gobierna Barcelona65
Vuestro brazo fue siempre sostén de la Corona66
Y aunque sean excesivas sus bondades por vos67
Quizás le deba aún más al nombre que lleváis:68
Estad, pues, bien seguro de vuestro buen hacer,69
Sin fatigar al Cielo con vuestra indiferencia;70
Estimad con justeza los favores que os hace71
Y no menospreciéis la suerte que tenéis,72
Pues ya os excedéis, si os lo puedo decir:73
La perfecta amistad que de siempre nos une,74
Me obliga en este punto a abriros mi alma toda.75
La gente empieza a ver con cuánta frialdad,76
Recibís las caricias y bondades del Rey,77
Los placeres y fiestas, los regalos y honores,78
Nada puede vencer ese profundo hastío79
que muestra, permanente, vuestra arrugada frente.80
¿De dónde provendrá tal sufrimiento injusto?81
Tenéis a vuestro Rey en vuestra soledad,82
Quien, para consolar vuestros mudos disgustos,83
Trajo aquí a la persona por quien vos suspiráis.84
¿Qué más podría hacer ese Príncipe amante,85
Que venir hasta aquí a distraeros él mismo,86
Que traer hasta vos a la élite cortesana,87
E incluso al objeto de vuestro tierno amor?88
Estáis en un lugar, donde arte y natura89
Formaron con capricho una hermosa estructura90
Y el Rey para colmaros con singular favor91
Os hizo el mayor don que nunca hizo un Príncipe,92
Esta diversidad de colinas y llanos,93
De soberbios jardines, mármoles y fontanas,94
De refugios sagrados de la sombra y el miedo,95
De fértiles desiertos...96
MONCADA.
¡Pobre! Son para mí;
Rincones retirados de gracia encantadora,97
Y todos esos bienes que enaltecéis con celo.98
Cierto es que, juzgando con esos ojos vuestros,99
Parece la morada de antiguos semi-Dioses100
Jamás con tanto arte se vio aparejada101
La pompa y esplendor con la beldad campestre;102
Cada rincón diverso ofrece al deseo,103
Cada hora del día, un placer singular:104
Pero, ¿de qué me sirve tan propicia fortuna105
Si de tantas beldades no poseo ninguna?106
Los fértiles desiertos que describís tan bien,107
Muchos encantos tienen conocidos por mí.108
No existe antro tan negro, ni gruta tan profunda109
Donde yo no me encuentre agobiado de gente,110
El silencio es un Dios al que yo no conozco.111
En vano se enaltece la gracia de estos bosques,112
Pues tropel incesante de cortesano séquito113
Me priva todo el tiempo de cualquier fresca sombra,114
Del soplo de los Céfiros, del murmullo del agua,115
De olor a primavera y de canto de aves.116
Si alguna vez el Eco salvando tal obstáculo117
Me hace oír su voz, para mí es un milagro,118
Y el modo en que la suerte hasta ahora me ha tratado...119
Mas observa una nueva crueldad de su parte120
Sólo faltaba aquí el Príncipe Clotario.121
ESCENA III.
(Moncada, Don Alvar.)
MONCADA.
No os toméis la molestia;
Señor, pues... ¡Pero Dioses! Ya se ha ido bien lejos,136
Mirad hasta qué punto va a forzar mi alma,137
Que hoy iba a dedicar a cultivar mi amor138
Y cien esfuerzos hice para arreglarlo así,139
Los echará a perder obligándome a ir.140
De los aduladores, ¡el más insoportable!141
DON ALVAR.
Cierto es que se engaña encontrándoos amable;142
Su celo os ofende, que quede entre nosotros,143
Que raro es no poder pasarse un día sin veros,144
Tal desgracia es sensible, lo debo confesar.145
MONCADA.
Entonces yo consiento que tu bondad lo elogie.146
DON ALVAR.
No, puesto que al amaros, os viene a hacer un mal.147
MONCADA.
Me ama, ¿no? ¡Ay, Dioses! El ruin es mi rival,148
La bella Lindamira ha inflamado su alma:149
Mas, no osa confesar una pasión tan bella,150
Por miedo de perder por ello mi favor,151
Y malograr así, quizás, un protector,152
Un terror tan ruin lo somete hasta el punto153
de cederme la mano siempre de Lindamira.154
Me agobia con las muestras de su celo indiscreto,155
Pero el traidor infiel, me apuñala en secreto.156
DON ALVAR.
Un hombre como él muy poco miedo infunde,157
¿Qué podrán contra vos su amor y fingimiento?158
Vencido, despojado, fugitivo, infeliz,159
Viniendo a implorar ayuda en estos lares;160
¿Qué podría esperar de una pasión tan vana?161
MONCADA.
Él ama y es un Príncipe, Lindamira es mujer;162
Y por costumbre, amigo, el bello sexo engaña,163
Si tuviera hoy en día que abrirte mi alma,164
Empiezo a juzgar que el amor de Clotario165
Es poderoso obstáculo del himeneo que espero,166
Lindamira con arte quiere disimular,167
Buscando otro pretexto para echarse atrás;168
La supuesta sospecha de su desconfianza,169
Y el duelo que ella opone a mi gran impaciencia170
Han podido hasta ahora con gracia disculparla:171
Mas, en vano se esconde de mi vista amorosa;172
Ella espera paciente nuestra victoria en armas,173
Porque el ser Soberana tiene tal atractivo174
Que si aquestos Estados Clotario recupera,175
Bien pronto ella pondrá mi amor en el olvido:176
Esta es la causa cierta de su larga demora.177
DON ALVAR.
No sospechéis que esconde un fin tan censurable;178
Deberíais conocerla, la estáis agraviando.179
MONCADA.
¡Triste! Nadie conoce lo que traerá la suerte,180
La ley de la inconstancia es una ley común181
Y el amor va rodando, como rueda Fortuna:182
Mas Lindamira sale, dejadnos, ¡ay amor!183
¡Arranca mis sospechas o mi vida al momento!184
ESCENA IV
(Lindamira, Moncada)
LINDAMIRA.
Estos campos y bosques, esta espesura;185
Los fieros animales,186
Las dulces aves,187
Todo ama en la natura.188
MONCADA.
Está leyendo.189
LINDAMIRA.
Pues Amor sabe encender
El más insensible objeto,
Si nuestra alma es susceptible,
¿Habrá entonces que culparla?
MONCADA.
Tal suspiro lo explica,
Qué feliz, el objeto de tan tierna emoción:190
Mas ella ya me ha visto. ¿Qué hacéis en estos lares?191
Señora, yo dudaba de lo que ven mis ojos.192
¿Esta conducta vuestra encierra algún misterio?193
LINDAMIRA.
Sin duda, mi Señor, pero muy ordinario;194
Cada mañana siento un placer sin igual195
Al ver desde este enclave la salida del Sol;196
Embellece a estas horas, al unirse a la Aurora,197
Con natural esmalte todo aquello que dora.198
Vemos en ese instante a céfiros locuelos199
Lanzar sobre las flores mil lánguidos suspiros,200
Y perfumando el aire con sus dulces alientos,201
Reverdecer secando el pasto de las fuentes.202
Os hago, mi Señor, una pintura exacta,203
Juzgando que será novedad para vos;204
Que el hombre que sostiene de la corona el peso205
Poco gusta placeres que la Natura ofrece.206
MONCADA.
Cierto es que las tareas que los Dioses me encargan207
Son poderoso estorbo al placer de mis ojos;208
Mas si mi alma murmura contra tales tareas,209
No es por estos bienes que exhibe la Natura;210
Poco me importaría ver el amanecer,211
Si dedicar pudiera más tiempo al amor,212
Si mil efectos claros del fuego que me abrasa,213
Os probaran cuán fuerte Moncada os adora;214
Si el favor real, contrario a mi hondo deseo,215
Me dejara más libre para acercarme a veros,216
Y al fin poder...217
LINDAMIRA.
En amor, cada uno a su manera.
Y la del favorito debe ser singular.218
Pues las trivialidades, atenciones constantes,219
Afectados cuidados de vulgares amantes,220
Prohibidos son, Señor, a los de vuestra especie.221
El inútil tributo de su vana ternura,222
Lágrimas y suspiros, y su asiduidad,223
No son más que los frutos de su ociosidad.224
MONCADA.
Mas un amante ocioso suele ser más amable225
Que otro siempre ocupado, de apuros agobiado.226
Menos gusta la cédula que la carta de Amor,227
Y a este Dios no le gustan labores de despacho.228
LINDAMIRA.
¿Acaso os parece que desdeña las vuestras?229
MONCADA.
No sabemos jamás qué sienten los demás230
Y no hay mayor enojo para un favorito231
Que tener, como tiene, mil encantos externos,232
Pues su gloria a menudo más amigos que él tiene.233
A veces se le quiere y se le odia a un tiempo;234
No se distingue nunca entre sus atractivos235
Lo que es suyo propio, de lo que no lo es,236
Y los hay encantados de lo que lo rodea,237
Que jamás han pensado cómo es esa persona.238
LINDAMIRA.
Quizás seáis, Señor, delicado en exceso.239
Os mostráis propiamente celoso de la fama,240
Sin saber si es a vos o a ella a quien se ama,241
Si alguien las confunde, os ha de dar lo mismo.242
Que en siendo uno feliz, según mi parecer,243
Se puede vivir bien sin preguntar por qué.244
MONCADA.
Tal precepto parece útil y razonable;245
Mas, Señora, en amor, resulta inaceptable;246
El amor es en sí, finalidad y objeto,247
Encierra y produce la causa y sus efectos,248
Tan pronto como el fuego se desliza en un alma,249
Si algún otro interés se mezcla a tal pasión,250
Y en el objeto amado se descubren encantos251
Que no le sean propios, ya no se le ama más;252
Juzgad en este punto si mi pena es extrema,253
Pues todos mis encantos son externos a mí254
Tan sólo mi respeto, mi amor y mi fe ciega,255
Los más humildes dones...256
ESCENA VI.
(El Rey, Moncada.)
EL REY.
Tan sólo es con el fin de nutrir vuestro tedio263
Que hoy os excusáis de acompañar al Rey.264
Para estar melancólico, soñador y sufriente,265
Alegáis vos tener un asunto pendiente,266
Y el placer de estar solo más toca vuestro espíritu267
Que las necesidades de un rey que os estima;268
Tales actos me extrañan, y por seros sincero,269
Ese humor tan penoso comienza a fastidiarme;270
Celoso estoy al ver que todos mis favores271
No han podido hasta ahora vencer vuestra frialdad.272
Que habiéndonos formado los Dioses como somos,273
Los reyes no podamos causar felicidad.274
Pues con todo el esfuerzo del poder Soberano,275
No puedo hacer feliz al que nombró mi mano;276
Desead, ordenad, poned mi estima a prueba277
Con todo lo que un hombre pueda desear sin crimen,278
No me ocultéis nada, abridme vuestra alma,279
Hablad, ¿qué os ocurre?280
MONCADA.
Perdonadme, Señor,
Si ante tales palabras no sé qué responder,281
Las profusas bondades me confunden tan fuerte282
Que creería, gran Rey, merecerlas bien poco283
Si a mi mente dejase pensar en libertad.284
Debo hablar, por lo tanto; mi silencio es un crimen,285
Arrodillarme debo, antes vos, Rey magnánimo286
Juro que aquestos ojos contradicen mi alma,287
Si no han expresado mi gran felicidad :288
Doy fe...289
EL REY.
Parad, o sed más sincero de veras,
Frívolos juramentos aumentan mi furor;290
Hablad, pues, con franqueza y sabed que tampoco291
Vuestro mejor disfraz servirá para nada.292
Cien suspiros errantes y cien quejas secretas293
De vuestro mal han sido muy buenos testimonios,294
No estoy pidiendo ahora vuestra opinión sobre ello.295
Sabed, para acabar con discursos superfluos,296
Que quiero tal efecto de vuestra obediencia297
Pues depende mi dicha y mi benevolencia;298
Y que si traicionáis mis deseos ahora299
Perderéis para siempre mi favor soberano.300
MONCADA.
¡Ah, Señor! ¡qué sentencia!301
EL REY.
Y es irrevocable.
MONCADA.
¿A qué me reducís, monarca incomparable?302
¿Qué exigís de mí, Santo Cielo, y cómo303
Puedo hacer de mi Rey ahora mi confidente?304
¡Dios! Al oír su nombre mi respeto se asombra,305
Pues no ha de consentir...306
EL REY.
En fin, así lo ordeno.
MONCADA.
Pues bien, Señor, pues bien, si he de obedeceros,307
Así os complaceré, mas, voy a traicionarme308
Pues vos me lo ordenáis.309
EL REY.
Tu discurso me cansa,
Habla.310
MONCADA.
Celoso estoy, Señor, de mi fortuna,
No me aman a mí, aman vuestros favores311
Y bondades, Señor, que me roban afectos.312
Sería para mi alma motivo de alegría313
Si la suerte me diera el alma de mi amada.314
Siento bien que es muy dulce y para mí glorioso315
Deber a mi monarca el tener hoy amigos;316
Y querría, con el celo que este ardor me inspira,317
Deberos hoy también el aire que respiro,318
Y no poder vivir más que para serviros,319
Que de tan gran deber, las cadenas son suaves:320
Mas, Señor, en amores es un placer extremo321
Deber sólo a uno mismo la estima de la amada,322
Y uno muere mil veces cuando su ser amado323
Puede así confundir amado y favorito.324
EL REY.
¿Esa es la única causa de vuestro sufrimiento?325
MONCADA.
Para aquel que no ama no parece gran cosa;326
Mas amor siempre tuvo su política a parte,327
Una quimera, un ápice, son todo para él,328
Y como es necesario contaros mi flaqueza,329
Si el rango compartiera el alma de mi dama330
Aun cumpliendo con ello mis mayores deseos331
En secreto, por dentro, sería desdichado:332
Que un verdadero amante se preocupa por todo333
Y el amor se destruye tan pronto como nace.334
EL REY.
¿Pues todo mi afecto y todo mi favor335
No pueden apartaros de tan loca pasión?336
¿Pues llenaros no puedo ese alma insaciable,337
y colmado de bienes os sentís miserable?338
Si vertiendo en vos mis más tiernas acciones339
No hay ni un deseo, ingrato, que no haya concedido;340
Si me di por entero a ese alma miserable,341
¿Ahora soy para ella menos que una quimera,342
Que el humo de un amor con que se ve inflamado?343
MONCADA.
¡Ay, Señor! ¡Ay, Señor! Vos no habéis amado.344
EL REY.
Sólo te amaba a ti, cruel, te lo confieso,345
Pero para tu alma mi ternura no importa.346
Siendo para el Rey todo, te sientes desgraciado,347
Así que te abandono a tus indignos fuegos,348
Date completamente al deber de tu ardor,349
A partir de hoy sabré escoger otra alma350
Más sensible al efecto que causa mi favor,351
Y seré única causa de pena y bienestar.352
MONCADA.
Tened a bien, Señor... después de esta amenaza353
Me deja agobiado de apuros y desgracia,354
No lo abandonemos y hagamos un esfuerzo355
Por calmar el exceso de tan fuerte arrebato.356