Madame de Villedieu

El favorito

Le favori

Traducción de Le favori

Villedieu, Madame de. <<El favorito.>> [ <<Le favori.>> ] Traducido por Silvia Hueso Fibla para la Biblioteca Digital EMOTHE. Valencia: ARTELOPE - EMOTHE Universitat de València, 2025.

Joan Oleza Simó (Investigador principal) Hueso Fibla, Silvia (Traductor) Hueso Fibla, Silvia (Editor digital)

Español · 1433 versos

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0)

https://emothe.fly.dev/plays/EMOTHE0785_ElFavorito

Actores

EL REY DE BARCELONA
MONCADA Su Favorito
CLOTARIO Príncipe refugiado
LINDAMIRA Dama del Favorito
DOÑA ELVIRA Dama de la Corte
LEONOR otra Dama de la Corte
DON ALVAR Amigo del Favorito
CARLOS Capitán de la Guardia

ACTO I

( La escena tiene lugar en una terraza en la casa de campo del Favorito. )

ESCENA PRIMERA

( Moncada, Don Alvar )
MONCADA.
Por fin estamos solos, esa gente importuna 1
Que atrae hacia mí mi próspera fortuna 2
Me trata esta mañana tan favorablemente, 3
Que puedo, Don Alvar, escapar un instante: 4
Démosle un caro tiempo al fuego que me inspira, 5
Pues sobre esta terraza se hospeda Lindamira, 6
Intentémosla ver. 7
DON ALVAR.
Semejante intención
Os ha hecho olvidar que es un poco temprano. 8
MONCADA.
Pero necesitaba mostrar tal diligencia 9
Para huir de la vista de los aduladores 10
Que agobian de atenciones, pues cuando al Favorito 11
la suerte le permite escapar sin testigos, 12
y a pesar del fastidio de su solicitud, 13
Le dejan disfrutar de algo de soledad 14
Y esconder su destino de los curiosos pasos, 15
O es muy diligente o los Dioses le estiman. 16
DON ALVAR.
¿Cómo? ¿Seguís sintiendo tal disgusto espantoso? 17
¿Cómo? ¿Vuestro favor os molesta y agobia? 18
¿La suerte de ser grande, temido y estimado 19
No os ha hecho amar de “favorito” el nombre? 20
MONCADA.
Aunque de tan gran nombre haga yo poco caso 21
Sé distinguir muy bien del honor la vergüenza: 22
El placer de encontrarme en un empleo ilustre 23
El servir al estado, a mi Rey, mis amigos 24
La dicha de gozar de mi Señor las gracias, 25
Con devoción acoge mi humilde corazón: 26
Mas de todo ese honor recojo pocos frutos 27
Cuando miro de frente el esfuerzo que cuesta; 28
Si pudieras saber al vivirlo en tus carnes 29
Lo que es un favorito según la voz del pueblo, 30
Y las trampas secretas que a sus pasos le tienden, 31
Mi desprecio del rango poco te extrañaría. 32
Pues el hombre que alcanza este grado supremo 33
Debe desconfiar de todos y de él mismo: 34
Que al verse seducido de una calma aparente, 35
Se duerme confiado del viento que le mata; 36
Para probar los frutos de la sabiduría, 37
Se abandona entero a sus exquisiteces 38
Y se cree inocente de faltar contra el Rey 39
Cuando en su casa se hace el Rey de los deleites. 40
Sabed pues, Don Alvar, que otras leyes se hallan 41
para los soberanos, pues existe algún crimen 42
que aunque no está observado por la Ley general 43
hiere hasta en lo más hondo a la gente Real. 44
El más alto poder le otorga el Cielo al Príncipe, 45
Desde que nace tiene el derecho a mandar: 46
Mas la gracia mundana y el innato talento 47
Que son de hombre galante más que de soberano, 48
Puede el Príncipe solo deberlas a sí mismo, 49
Causándole más celos que el supremo poder, 50
Pues en estos asuntos, un sabio favorito, 51
Prudente, ha de evitar entrarle en concurrencia 52
Y debe todo el tiempo velar por su persona 53
Pues si el monarca cela de algún proyecto suyo, 54
Temerlo deberemos, pues de todo es capaz, 55
Y su menor deseo, es deseo celoso. 56
DON ALVAR
Vos desplegáis en vano esta frívola queja, 57
Estáis muy por encima de tal clase de enojos, 58
Vuestra virtud, linaje, cuidado del Estado, 59
Merecen para vos que gocéis de tal rango; 60
La Fortuna no quiere más que haceros justicia, 61
Es más, estos favores no surgen del capricho, 62
Pues muchos más tendríais según vuestras proezas. 63
Sabemos que Moncada que es de estirpe real, 64
Y que desde que el Rey gobierna Barcelona 65
Vuestro brazo fue siempre sostén de la Corona 66
Y aunque sean excesivas sus bondades por vos 67
Quizás le deba aún más al nombre que lleváis: 68
Estad, pues, bien seguro de vuestro buen hacer, 69
Sin fatigar al Cielo con vuestra indiferencia; 70
Estimad con justeza los favores que os hace 71
Y no menospreciéis la suerte que tenéis, 72
Pues ya os excedéis, si os lo puedo decir: 73
La perfecta amistad que de siempre nos une, 74
Me obliga en este punto a abriros mi alma toda. 75
La gente empieza a ver con cuánta frialdad, 76
Recibís las caricias y bondades del Rey, 77
Los placeres y fiestas, los regalos y honores, 78
Nada puede vencer ese profundo hastío 79
que muestra, permanente, vuestra arrugada frente. 80
¿De dónde provendrá tal sufrimiento injusto? 81
Tenéis a vuestro Rey en vuestra soledad, 82
Quien, para consolar vuestros mudos disgustos, 83
Trajo aquí a la persona por quien vos suspiráis. 84
¿Qué más podría hacer ese Príncipe amante, 85
Que venir hasta aquí a distraeros él mismo, 86
Que traer hasta vos a la élite cortesana, 87
E incluso al objeto de vuestro tierno amor? 88
Estáis en un lugar, donde arte y natura 89
Formaron con capricho una hermosa estructura 90
Y el Rey para colmaros con singular favor 91
Os hizo el mayor don que nunca hizo un Príncipe, 92
Esta diversidad de colinas y llanos, 93
De soberbios jardines, mármoles y fontanas, 94
De refugios sagrados de la sombra y el miedo, 95
De fértiles desiertos... 96
MONCADA.
¡Pobre! Son para mí;
Rincones retirados de gracia encantadora, 97
Y todos esos bienes que enaltecéis con celo. 98
Cierto es que, juzgando con esos ojos vuestros, 99
Parece la morada de antiguos semi-Dioses 100
Jamás con tanto arte se vio aparejada 101
La pompa y esplendor con la beldad campestre; 102
Cada rincón diverso ofrece al deseo, 103
Cada hora del día, un placer singular: 104
Pero, ¿de qué me sirve tan propicia fortuna 105
Si de tantas beldades no poseo ninguna? 106
Los fértiles desiertos que describís tan bien, 107
Muchos encantos tienen conocidos por mí. 108
No existe antro tan negro, ni gruta tan profunda 109
Donde yo no me encuentre agobiado de gente, 110
El silencio es un Dios al que yo no conozco. 111
En vano se enaltece la gracia de estos bosques, 112
Pues tropel incesante de cortesano séquito 113
Me priva todo el tiempo de cualquier fresca sombra, 114
Del soplo de los Céfiros, del murmullo del agua, 115
De olor a primavera y de canto de aves. 116
Si alguna vez el Eco salvando tal obstáculo 117
Me hace oír su voz, para mí es un milagro, 118
Y el modo en que la suerte hasta ahora me ha tratado... 119
Mas observa una nueva crueldad de su parte 120
Sólo faltaba aquí el Príncipe Clotario. 121

ESCENA II

( Clotario, Moncada, Don Alvar. )
CLOTARIO.
¡Ahá! ¡Os he alcanzado! Querido solitario, 122
La corte en vuestra casa que os despertéis espera, 123
Y os habéis levantado antes que el mismo Sol. 124
¿Es para prepararos a venir a la caza? 125
MONCADA.
No lo creo, Señor 126
CLOTARIO.
¡Cruel, vaya desgracia
Me venís a anunciar, Dioses, qué desespero! 127
¿Voy a pasarme, pues, sin veros todo el día? 128
¡Ah! Eso es imposible. 129
MONCADA,
bajo. Pues qué perfidia extrema.
CLOTARIO.
Antes preferiría no estar conmigo mismo, 130
Yo no puedo dejaros, voy a decirle al Rey 131
Que si vos no venís, puede partir sin mí. 132
MONCADA.
No lo hagáis, Señor... 133
CLOTARIO.
Os lo habrá de ordenar,
Aunque deba venir a ordenarlo en persona, 134
Se lo suplicaré. 135

ESCENA III.

( Moncada, Don Alvar. )
MONCADA.
No os toméis la molestia;
Señor, pues... ¡Pero Dioses! Ya se ha ido bien lejos, 136
Mirad hasta qué punto va a forzar mi alma, 137
Que hoy iba a dedicar a cultivar mi amor 138
Y cien esfuerzos hice para arreglarlo así, 139
Los echará a perder obligándome a ir. 140
De los aduladores, ¡el más insoportable! 141
DON ALVAR.
Cierto es que se engaña encontrándoos amable; 142
Su celo os ofende, que quede entre nosotros, 143
Que raro es no poder pasarse un día sin veros, 144
Tal desgracia es sensible, lo debo confesar. 145
MONCADA.
Entonces yo consiento que tu bondad lo elogie. 146
DON ALVAR.
No, puesto que al amaros, os viene a hacer un mal. 147
MONCADA.
Me ama, ¿no? ¡Ay, Dioses! El ruin es mi rival, 148
La bella Lindamira ha inflamado su alma: 149
Mas, no osa confesar una pasión tan bella, 150
Por miedo de perder por ello mi favor, 151
Y malograr así, quizás, un protector, 152
Un terror tan ruin lo somete hasta el punto 153
de cederme la mano siempre de Lindamira. 154
Me agobia con las muestras de su celo indiscreto, 155
Pero el traidor infiel, me apuñala en secreto. 156
DON ALVAR.
Un hombre como él muy poco miedo infunde, 157
¿Qué podrán contra vos su amor y fingimiento? 158
Vencido, despojado, fugitivo, infeliz, 159
Viniendo a implorar ayuda en estos lares; 160
¿Qué podría esperar de una pasión tan vana? 161
MONCADA.
Él ama y es un Príncipe, Lindamira es mujer; 162
Y por costumbre, amigo, el bello sexo engaña, 163
Si tuviera hoy en día que abrirte mi alma, 164
Empiezo a juzgar que el amor de Clotario 165
Es poderoso obstáculo del himeneo que espero, 166
Lindamira con arte quiere disimular, 167
Buscando otro pretexto para echarse atrás; 168
La supuesta sospecha de su desconfianza, 169
Y el duelo que ella opone a mi gran impaciencia 170
Han podido hasta ahora con gracia disculparla: 171
Mas, en vano se esconde de mi vista amorosa; 172
Ella espera paciente nuestra victoria en armas, 173
Porque el ser Soberana tiene tal atractivo 174
Que si aquestos Estados Clotario recupera, 175
Bien pronto ella pondrá mi amor en el olvido: 176
Esta es la causa cierta de su larga demora. 177
DON ALVAR.
No sospechéis que esconde un fin tan censurable; 178
Deberíais conocerla, la estáis agraviando. 179
MONCADA.
¡Triste! Nadie conoce lo que traerá la suerte, 180
La ley de la inconstancia es una ley común 181
Y el amor va rodando, como rueda Fortuna: 182
Mas Lindamira sale, dejadnos, ¡ay amor! 183
¡Arranca mis sospechas o mi vida al momento! 184

ESCENA IV

( Lindamira, Moncada )
LINDAMIRA.
Estos campos y bosques, esta espesura; 185
Los fieros animales, 186
Las dulces aves, 187
Todo ama en la natura. 188
MONCADA.
Está leyendo. 189
LINDAMIRA.
Pues Amor sabe encender
El más insensible objeto,
Si nuestra alma es susceptible,
¿Habrá entonces que culparla?
MONCADA.
Tal suspiro lo explica,
Qué feliz, el objeto de tan tierna emoción: 190
Mas ella ya me ha visto. ¿Qué hacéis en estos lares? 191
Señora, yo dudaba de lo que ven mis ojos. 192
¿Esta conducta vuestra encierra algún misterio? 193
LINDAMIRA.
Sin duda, mi Señor, pero muy ordinario; 194
Cada mañana siento un placer sin igual 195
Al ver desde este enclave la salida del Sol; 196
Embellece a estas horas, al unirse a la Aurora, 197
Con natural esmalte todo aquello que dora. 198
Vemos en ese instante a céfiros locuelos 199
Lanzar sobre las flores mil lánguidos suspiros, 200
Y perfumando el aire con sus dulces alientos, 201
Reverdecer secando el pasto de las fuentes. 202
Os hago, mi Señor, una pintura exacta, 203
Juzgando que será novedad para vos; 204
Que el hombre que sostiene de la corona el peso 205
Poco gusta placeres que la Natura ofrece. 206
MONCADA.
Cierto es que las tareas que los Dioses me encargan 207
Son poderoso estorbo al placer de mis ojos; 208
Mas si mi alma murmura contra tales tareas, 209
No es por estos bienes que exhibe la Natura; 210
Poco me importaría ver el amanecer, 211
Si dedicar pudiera más tiempo al amor, 212
Si mil efectos claros del fuego que me abrasa, 213
Os probaran cuán fuerte Moncada os adora; 214
Si el favor real, contrario a mi hondo deseo, 215
Me dejara más libre para acercarme a veros, 216
Y al fin poder... 217
LINDAMIRA.
En amor, cada uno a su manera.
Y la del favorito debe ser singular. 218
Pues las trivialidades, atenciones constantes, 219
Afectados cuidados de vulgares amantes, 220
Prohibidos son, Señor, a los de vuestra especie. 221
El inútil tributo de su vana ternura, 222
Lágrimas y suspiros, y su asiduidad, 223
No son más que los frutos de su ociosidad. 224
MONCADA.
Mas un amante ocioso suele ser más amable 225
Que otro siempre ocupado, de apuros agobiado. 226
Menos gusta la cédula que la carta de Amor, 227
Y a este Dios no le gustan labores de despacho. 228
LINDAMIRA.
¿Acaso os parece que desdeña las vuestras? 229
MONCADA.
No sabemos jamás qué sienten los demás 230
Y no hay mayor enojo para un favorito 231
Que tener, como tiene, mil encantos externos, 232
Pues su gloria a menudo más amigos que él tiene. 233
A veces se le quiere y se le odia a un tiempo; 234
No se distingue nunca entre sus atractivos 235
Lo que es suyo propio, de lo que no lo es, 236
Y los hay encantados de lo que lo rodea, 237
Que jamás han pensado cómo es esa persona. 238
LINDAMIRA.
Quizás seáis, Señor, delicado en exceso. 239
Os mostráis propiamente celoso de la fama, 240
Sin saber si es a vos o a ella a quien se ama, 241
Si alguien las confunde, os ha de dar lo mismo. 242
Que en siendo uno feliz, según mi parecer, 243
Se puede vivir bien sin preguntar por qué. 244
MONCADA.
Tal precepto parece útil y razonable; 245
Mas, Señora, en amor, resulta inaceptable; 246
El amor es en sí, finalidad y objeto, 247
Encierra y produce la causa y sus efectos, 248
Tan pronto como el fuego se desliza en un alma, 249
Si algún otro interés se mezcla a tal pasión, 250
Y en el objeto amado se descubren encantos 251
Que no le sean propios, ya no se le ama más; 252
Juzgad en este punto si mi pena es extrema, 253
Pues todos mis encantos son externos a mí 254
Tan sólo mi respeto, mi amor y mi fe ciega, 255
Los más humildes dones... 256

ESCENA V.

( Moncada, Lindamira, Don Alvar. )
DON ALVAR.
Señor, aquí está el Rey.
MONCADA.
¡El Rey! 257
DON ALVAR.
Sí.
MONCADA.
¡Santo Cielo!
LINDAMIRA.
Adiós, yo me retiro.
DON ALVAR.
Solo está y pesaroso. 258
MONCADA.
Sigue a Lindamira,
Para saber el sitio en que la vea luego: 259
Torpemente se cumple con amor y deber, 260
Y el alma delicada se llena de flaqueza 261
Cuando sirve a la vez a su dueño y su dueña. 262

ESCENA VI.

( El Rey, Moncada. )
EL REY.
Tan sólo es con el fin de nutrir vuestro tedio 263
Que hoy os excusáis de acompañar al Rey. 264
Para estar melancólico, soñador y sufriente, 265
Alegáis vos tener un asunto pendiente, 266
Y el placer de estar solo más toca vuestro espíritu 267
Que las necesidades de un rey que os estima; 268
Tales actos me extrañan, y por seros sincero, 269
Ese humor tan penoso comienza a fastidiarme; 270
Celoso estoy al ver que todos mis favores 271
No han podido hasta ahora vencer vuestra frialdad. 272
Que habiéndonos formado los Dioses como somos, 273
Los reyes no podamos causar felicidad. 274
Pues con todo el esfuerzo del poder Soberano, 275
No puedo hacer feliz al que nombró mi mano; 276
Desead, ordenad, poned mi estima a prueba 277
Con todo lo que un hombre pueda desear sin crimen, 278
No me ocultéis nada, abridme vuestra alma, 279
Hablad, ¿qué os ocurre? 280
MONCADA.
Perdonadme, Señor,
Si ante tales palabras no sé qué responder, 281
Las profusas bondades me confunden tan fuerte 282
Que creería, gran Rey, merecerlas bien poco 283
Si a mi mente dejase pensar en libertad. 284
Debo hablar, por lo tanto; mi silencio es un crimen, 285
Arrodillarme debo, antes vos, Rey magnánimo 286
Juro que aquestos ojos contradicen mi alma, 287
Si no han expresado mi gran felicidad : 288
Doy fe... 289
EL REY.
Parad, o sed más sincero de veras,
Frívolos juramentos aumentan mi furor; 290
Hablad, pues, con franqueza y sabed que tampoco 291
Vuestro mejor disfraz servirá para nada. 292
Cien suspiros errantes y cien quejas secretas 293
De vuestro mal han sido muy buenos testimonios, 294
No estoy pidiendo ahora vuestra opinión sobre ello. 295
Sabed, para acabar con discursos superfluos, 296
Que quiero tal efecto de vuestra obediencia 297
Pues depende mi dicha y mi benevolencia; 298
Y que si traicionáis mis deseos ahora 299
Perderéis para siempre mi favor soberano. 300
MONCADA.
¡Ah, Señor! ¡qué sentencia! 301
EL REY.
Y es irrevocable.
MONCADA.
¿A qué me reducís, monarca incomparable? 302
¿Qué exigís de mí, Santo Cielo, y cómo 303
Puedo hacer de mi Rey ahora mi confidente? 304
¡Dios! Al oír su nombre mi respeto se asombra, 305
Pues no ha de consentir... 306
EL REY.
En fin, así lo ordeno.
MONCADA.
Pues bien, Señor, pues bien, si he de obedeceros, 307
Así os complaceré, mas, voy a traicionarme 308
Pues vos me lo ordenáis. 309
EL REY.
Tu discurso me cansa,
Habla. 310
MONCADA.
Celoso estoy, Señor, de mi fortuna,
No me aman a mí, aman vuestros favores 311
Y bondades, Señor, que me roban afectos. 312
Sería para mi alma motivo de alegría 313
Si la suerte me diera el alma de mi amada. 314
Siento bien que es muy dulce y para mí glorioso 315
Deber a mi monarca el tener hoy amigos; 316
Y querría, con el celo que este ardor me inspira, 317
Deberos hoy también el aire que respiro, 318
Y no poder vivir más que para serviros, 319
Que de tan gran deber, las cadenas son suaves: 320
Mas, Señor, en amores es un placer extremo 321
Deber sólo a uno mismo la estima de la amada, 322
Y uno muere mil veces cuando su ser amado 323
Puede así confundir amado y favorito. 324
EL REY.
¿Esa es la única causa de vuestro sufrimiento? 325
MONCADA.
Para aquel que no ama no parece gran cosa; 326
Mas amor siempre tuvo su política a parte, 327
Una quimera, un ápice, son todo para él, 328
Y como es necesario contaros mi flaqueza, 329
Si el rango compartiera el alma de mi dama 330
Aun cumpliendo con ello mis mayores deseos 331
En secreto, por dentro, sería desdichado: 332
Que un verdadero amante se preocupa por todo 333
Y el amor se destruye tan pronto como nace. 334
EL REY.
¿Pues todo mi afecto y todo mi favor 335
No pueden apartaros de tan loca pasión? 336
¿Pues llenaros no puedo ese alma insaciable, 337
y colmado de bienes os sentís miserable? 338
Si vertiendo en vos mis más tiernas acciones 339
No hay ni un deseo, ingrato, que no haya concedido; 340
Si me di por entero a ese alma miserable, 341
¿Ahora soy para ella menos que una quimera, 342
Que el humo de un amor con que se ve inflamado? 343
MONCADA.
¡Ay, Señor! ¡Ay, Señor! Vos no habéis amado. 344
EL REY.
Sólo te amaba a ti, cruel, te lo confieso, 345
Pero para tu alma mi ternura no importa. 346
Siendo para el Rey todo, te sientes desgraciado, 347
Así que te abandono a tus indignos fuegos, 348
Date completamente al deber de tu ardor, 349
A partir de hoy sabré escoger otra alma 350
Más sensible al efecto que causa mi favor, 351
Y seré única causa de pena y bienestar. 352
MONCADA.
Tened a bien, Señor... después de esta amenaza 353
Me deja agobiado de apuros y desgracia, 354
No lo abandonemos y hagamos un esfuerzo 355
Por calmar el exceso de tan fuerte arrebato. 356

ACTO II

ESCENA I

( Leonor, Doña Elvira. )
LEONOR.
Vos os burláis de mí, Doña Elvira, que muera 357
Si me hacéis salir de mi alcoba a estas horas, 358
Todo el mundo descansa, se reirán de nosotras. 359
DOÑA ELVIRA.
Venid ya, Leonor. 360
LEONOR.
Pero, a dónde vais, 361
Decidme por lo menos, bella madrugadora, 362
Si es para arreglar una intriga amorosa 363
O para consultar el curso de los Cielos 364
Que me lleváis a esta hora por estos derroteros: 365
¿Qué pasa? 366
DOÑA ELVIRA.
Su disgusto me mata de la risa.
Es para acompañarme a donde Lindamira; 367
Pues tiene que entregarme en premio un brazalete 368
Si la encuentro en la cama al llevarle este ramo. 369
LEONOR.
Para seros sincera, nadie os puede igualar; 370
¿Para qué tantos gestos hacia vuestra rival? 371
Con total diligencia seguís todos sus pasos. 372
DOÑA ELVIRA.
Son manejos de amor que vos no entendéis. 373
LEONOR.
Claramente no entiendo, pero vos explicadme, 374
Que igual encontraremos temprano a Lindamira, 375
Y estas preocupaciones no son nada importantes, 376
Disfrutemos un rato la belleza del clima; 377
Para hablar claramente, no logro comprenderos, 378
Alguna vez amé, nadie puede librarse. 379
Sabéis que en este mundo todo arde de amor 380
Y hasta la más beata logra tener su suerte; 381
El amor me ha inflamado como a cualquier otra, 382
Y yo también tenía rival, tal como vos: 383
Mas, o vos no amáis como lo hacen las otras, 384
O es mi corazón distinto al de las otras, 385
Pues tan pronto el ardor noté de su pasión 386
Prefería mil muertes a toparme con ella. 387
Al escuchar su nombre, temblaba de terror 388
Y si hubiera podido, su alma habría engullido. 389
DOÑA ELVIRA.
Es para cultivar el odio que me inspira 390
Que se me ve sin pausa cerca de Lindamira, 391
De tal modo le impido la dulce alegría 392
De charlar libremente con mi Señor Moncada. 393
Con el hábil pretexto de mi falsa ternura 394
Malogro sus placeres con una gran soltura 395
Y sin que se den cuenta, a lo largo del día 396
No encuentra él un momento para hablarle de amor; 397
No hay para una amante otra pena más ruda, 398
Yo la contemplo entonces sufriendo de inquietud, 399
Se vuelve melancólica y en un instante solo 400
Su rostro y sus ojos cambian visiblemente, 401
Tornándose su humor sombrío y su aflicción 402
Hace que hasta Moncada se aburra cerca de ella, 403
Él cree importunarla y se pone celoso; 404
Y yo en ese momento, le arrojo mis saetas, 405
Hago cualquier esfuerzo para ser elogiada, 406
Animo mi discurso, me vuelvo juguetona, 407
Y con mi buen humor, muestro tales encantos 408
Que, sin ser vanidosa, Lindamira no tiene; 409
¿Ahora ya comprendes? 410
LEONOR.
Sí, mas, también querida,
Si lo he entendido bien, sois muy poco sincera, 411
Y si Moncada llega a percatarse de ello, 412
Creedme y borrad por siempre la esperanza, 413
Pues el amor se funda en una alta estima. 414
DOÑA ELVIRA.
El engaño en amor no fue jamás un crimen, 415
Son antiguos recelos y engaños superfluos 416
La estima solo sirve cuando una ya no gusta, 417
Cuando ya no se tienen gracias con que agradar 418
Entonces una intenta ser digna de la estima, 419
Encandilar la mente, no pudiendo hacer más; 420
Mas, si un joven amante se rinde ante unos ojos, 421
Su estima y su pasión se pliegan a la vista 422
Y ya no se molesta en conocer el alma; 423
El secreto es gustar, y vemos en efecto 424
Que cada cual opina que lo que ama es perfecto: 425
Gustemos pues ahora, bellas somos y jóvenes, 426
Dejemos sin pesar la estima a la vejez, 427
Quien quiera que se jacte de su gran honradez, 428
Que nada quiero ahora de aquesta cualidad 429
Pues es nuestro destino con el pasar del tiempo, 430
Y espero obtenerla cuando cumpla cincuenta. 431
LEONOR.
He aquí, de una coqueta, la lección, más o menos. 432
DOÑA ELVIRA.
Realmente, yo no sé si la sigo o si no: 433
Mas yo me quiero mucho y me gusta gustar, 434
Me placen grandes fastos y detesto el misterio, 435
No hago menos por otros que lo que hago por mí, 436
Y la alegría es siempre mi código y mi ley, 437
Si esto es lo que llaman hoy en día "coqueta", 438
Ciertamente lo soy. 439
LEONOR.
Sin duda vos lo sois,
Y le debo a las leyes de sincera amistad 440
Daros, por caridad, mi opinión al respecto 441
La aprovechéis o no, pues no puedo callarla: 442
Elvira, escuchadme, sed mucho más sincera, 443
Para cumplir deberes no es demasiado pronto, 444
Además construís una esperanza vana: 445
Lindamira es amada y Moncada es fiel, 446
No entorpezcáis el curso de tan bella amistad: 447
Ahí viene. 448

ESCENA II

( Moncada, Doña Elvira, Leonor. )
DOÑA ELVIRA.
Observad nuestra conversa un poco,
Ya veréis cómo finjo y cómo lo comprendo. 449
MONCADA.
Está evitando verme, qué crimen o qué audacia 450
Puede atraerme así tan enorme desgracia. 451
DOÑA ELVIRA.
No me está viendo. 452
MONCADA.
Mas qué he hecho, qué he dicho,
Dioses, que veis mi alma. 453
LEONOR.
¡Parece estupefacto!
MONCADA.
¿Cómo así permitís tal revés de fortuna? 454
DOÑA ELVIRA.
Leonor, ya nos ve. 455
MONCADA.
¡Encuentro inoportuno!
¡Cómo odio a esta mujer! 456
DOÑA ELVIRA.
Estáis triste y perplejo.
MONCADA.
Así es. 457
DOÑA ELVIRA.
¿Por qué traéis ese humor lastimoso?
Con todas las grandezas que estáis alcanzando, 458
¿Cuáles podrían ser motivos de esas quejas? 459
MONCADA.
¡Ay de mí! 460
DOÑA ELVIRA.
Suspiráis. ¿Será acaso el amor
La causa, mi Señor, de las dificultades? 461
Pues no lo creo así, que todos os adoran, 462
Cualséase el objeto, vuestra pasión lo honra, 463
Y de vuestra conquista sabemos el valor, 464
¡Vuestro amor no se paga con injusto desprecio! 465
MONCADA.
(La aduladora.) 466
Que el amor no es la causa de todas nuestras penas, 467
Así lo cree un hombre encumbrado en la dicha, 468
Que acaso no penetra los secretos de su alma, 469
Y la ciega fortuna es tan poco constante 470
Que nunca deberíais juzgar las apariencias, 471
Pues todo nos da pruebas de inestabilidad. 472
DOÑA ELVIRA.
Ahorradnos por ventura estas moralidades; 473
Para que serviría, con vuestro brillo actual, 474
Pensar en un futuro que todos desconocen, 475
Disfrutad del presente que os es tan glorioso 476
Y dejad el futuro en manos de los dioses. 477
MONCADA.
Quien quiere de su juicio hacer uso perfecto, 478
Preverá la tormenta desde el calmo puerto; 479
Afrontando así las desgracias previstas 480
El sabio se prepara y puede anticipar: 481
Igual que los sujetos que ocupan mi puesto 482
Deben constantemente pensar en su desgracia; 483
Pensar en el presente como un momento efímero, 484
Que desvanece presto el momento que sigue. 485
De muchos favoritos, sorprendentes caídas 486
Nos muestran de qué modo esa suerte es frecuente: 487
La imagen del pasado anuncia el porvenir. 488
DOÑA ELVIRA.
Borrad tales visiones de vuestro entendimiento, 489
Pues quiero predeciros sin ayuda de hechizos 490
Que no tendréis jamás que temer nuestras armas, 491
Señor, que las personas formadas como vos, 492
No sienten ningún daño al recibir los golpes, 493
Pues bien sé juzgar yo las flechas de las damas, 494
que no tendrán, sin duda, consecuencias mortales. 495
MONCADA.
Creo que sobre este tema, mi vida y mi muerte 496
Dependerán bastante de caprichos de azar: 497
Según que éste me sea contrario o favorable, 498
Seré en cuestión de amores feliz o miserable, 499
Y por nada ocultaros, o no entiendo de ello 500
O el favor de mi Rey es mi mayor encanto. 501
DOÑA ELVIRA.
Así podéis decirlo, Señor, por ciertas damas; 502
Pues hay entre nosotras armas más bien comunes, 503
En lo que a mí concierne, para nada lo oculto, 504
Vergüenza de mi sexo siento en este punto, 505
Si me llaman mujer en ciertas circunstancias 506
Mi rostro enrojece como si me injuriasen. 507
MONCADA.
Y seríais constante pese a cualquier desgracia... 508
DOÑA ELVIRA.
Mucho os preocupáis por saberlo, Señor, 509
Con tan pocos encantos, mi celo y mi constancia 510
Parecen para vos de poca importancia: 511
Pero séanlo o no, los Dioses son testigos, 512
Y consientan si miento que muera a vuestros ojos; 513
Si la suerte cesara de seros favorable, 514
Ni consejos, tormentos, ni miedo de suplicios, 515
Mi alma quebrantarían; pero esta confesión 516
De la boca de Elvira os importa bien poco, 517
Hacen falta atractivos de mayor eficacia. 518

ESCENA III.

( Moncada, Doña Elvira, Leonor, Don Alvar. )
DON ALVAR.
¿Sabéis por qué motivo se ha anulado la caza? 519
¿Cuál es el sufrimiento que manifiesta el Rey? 520
MONCADA.
No, ¿cuál es? 521
DON ALVAR.
Todo el mundo está atemorizado,
Él se pasea solo en esa galería. 522
Tan lleno de dolor y de sus pensamientos, 523
Que apenas ve las cosas que tiene ante los ojos. 524
MONCADA.
Solo y preocupado. ¡En serio lo ha tomado! 525

ESCENA IV.

( Moncada, Clotario, Don Alvar, Doña Elvira, Leonor. )
CLOTARIO.
¿Qué tiene el Rey, amigo? ¿Qué dolor lo atormenta? 526
MONCADA.
Yo lo ignoro, Señor. ¡Cuán miserable soy! 527
CLOTARIO.
Vos lo ignoráis... pues esto concebir no se puede 528
Si vos no lo sabéis nadie podrá saberlo, 529
Sois en su corazón quien ocupa más parte 530
Por eso conocéis todo lo que le ocurre, 531
Estáis disimulando; amigo declaradlo. 532
No os sintáis receloso de un Príncipe devoto, 533
Si pudierais saber a qué punto os aprecio 534
Solo me trataríais cual si fuera vos mismo: 535
Si hubiera de verter por vos toda mi sangre, 536
Dioses, ¡con gran placer me abriría el costado! 537
MONCADA.
(¡Dios, qué bien finge!) 538
CLOTARIO.
En lugar de mi vida,
Que millones de abrazos os prueben mi cariño, 539
Mas el Rey va a quitarme mi única ilusión, 540
Carlos viene por vos. 541

ESCENA V.

( Moncada, Clotario, Don Alvar, Doña Elvira, Leonor, Carlos. )
MONCADA.
¿Qué hace el Rey?
CARLOS.
Señor,
Está solo en su alcoba y me manda a ordenaros 542
Que el día de mañana salgáis de Barcelona, 543
Cambiando esta Corte, por vuestra otra casa 544
Que de su parte vengo a daros por prisión. 545
DOÑA ELVIRA,
bajo. ¡Moncada exiliado! 546
LEONOR,
bajo. ¡Dioses!
CLOTARIO,
bajo. ¡Qué estoy oyendo!
DON ALVAR.
¿Habláis de veras, Carlos? 547
CARLOS.
Tal orden os sorprende
Y como vos, también yo atónito quedé: 548
Mas es irrefutable. 549
MONCADA.
Ya está, es suficiente.
Por rudo que parezca el golpe que me espera, 550
Sin murmuros ni quejas obedeceré a Carlos, 551
Podéis garantizarle de mi parte al Rey, 552
Que yo no merecía haber sido escogido. 553
Del azar, el error y antojo ha conocido 554
Y mi desgracia al fin, su justicia atestigua. 555
( Carlos sale )

ESCENA VI.

( Moncada, Clotario, Don Alvar, Doña Elvira, Leonor. )
MONCADA.
Vos, Príncipe... 556
CLOTARIO.
Una riña de dos de mis amigos,
En la que a día de hoy me hacen parte ambos dos, 557
Vine a recordar hace sólo un momento. 558
He de ir a poner orden, mi honor depende de ello, 559
Debo hacer que se avengan. Voy con prisa, ¡adiós! 560
DOÑA ELVIRA.
Salgamos, Leonor, rápido de este sitio, 561
Que no se puede estar, el calor es terrible 562
Estoy sintiendo ya una migraña horrible; 563
¡Oh, Dioses! ¡Qué calor! ¡Vámonos que me cuezo! 564
MONCADA.
Estos son los amigos que atrae el favorito, 565
En el frágil transcurso de una suerte quimérica 566
Todos llevan incienso al Ídolo del pueblo, 567
La mirada, el favor, las bondades del Rey, 568
Atraen con esplendor las almas hacia sí; 569
Corre la multitud, siguiendo en abundancia 570
El viento impetuoso de la predilección; 571
Tal rápido torrente aporta noche y día 572
La atención de la Corte para este favorito; 573
Y desde el primer golpe que le asesta el destino 574
La pompa se disipa y todos lo abandonan; 575
Y por único fruto de esa vasta alegría 576
Ya no le queda más que un justo dolor. 577
¡Cómo pienso, amigo, que es digno de envidia 578
El que sólo a sí debe el gozo de su vida! 579
El que huye del dañino imán de la grandeza 580
Y se arropa en los Dioses, su deber y sentidos. 581
Un hombre sin amigos, que vive solitario... 582
DON ALVAR.
Ya está bien, distinguidme de Elvira y de Clotario, 583
Yo no sé, como ellos, ajustarme a la suerte, 584
Y os sigo a donde sea, amigo, hasta la muerte. 585
MONCADA.
Seguirme... preferid la muerte más cruel. 586
DON ALVAR.
Vos rechazáis en vano las señas de mi afecto; 587
Os seguiré. 588
MONCADA.
¿En qué? ¿En la Real desgracia?
DON ALVAR.
Veo todo el horror, y lo veo sin miedo, 589
Sólo puede quitarme el Rey bienes y vida 590
Os debo unos y otra, por vos los sacrifico; 591
¿Ya no os resistís? 592
MONCADA.
Al menos...
DON ALVAR.
Ya está hecho.
MONCADA.
De todos los amigos, he aquí el más perfecto: 593
Pues bien, como el destino viene a atormentarme, 594
Con los falsos amigos y con el verdadero, 595
Que el exceso de amor y el del desinterés 596
Desgarren por igual mi pobre corazón: 597
Tengo que abandonarme a este último suplicio, 598
Y bajo vuestros pasos cavarme un precipicio. 599
La suerte más cruel me habría sido dulce 600
Si a mí sólo a sus golpes me hubiera abandonado; 601
Pero, para añadir más peso a mi miseria, 602
Todo lo que más quiero ha de sufrir su ira; 603
Y como al fin consiento que compartáis mi pena, 604
Averiguad si puedo a Lindamira ver, 605
Quiero decirle adiós; gracias a Dios, mi crimen 606
Me va a dar a sus ojos una más alta estima; 607
Y para informarla, ahora sabréis por mí 608
De dónde ha nacido la cólera del Rey.​ 609

ACTO III

ESCENA PRIMERA.

( Lindamira, Don Alvar. )
LINDAMIRA.
Lo que vos me contáis, apenas es creíble 610
¿Que sólo de ese crimen sea Moncada culpable? 611
La cólera del Rey y exilio de la Corte, 612
¿Se basan solamente en cuestiones de amor? 613
DON ALVAR.
No, Señora. 614
LINDAMIRA.
Tal causa, para mí, es bien ligera
Y fácilmente entra en cólera un Monarca. 615
DON ALVAR.
Son en sus preferencias los Reyes delicados, 616
El favor por Moncada no tenía atractivos: 617
Su extrema frialdad y su indiferencia 618
Poseen la apariencia de criminal desprecio, 619
Los Príncipes recelan de su autoridad 620
Y quieren ser la sola causa de nuestra dicha. 621
LINDAMIRA.
Hasta ahora ignoraba que el poder supremo 622
A un corazón sitúa bajo el Real derecho. 623
Sabía que debemos temer y obedecer, 624
Pero la libertad de amar y detestar, 625
Pensaba que los reyes a nuestra alma la daban 626
Y que el amor se debe sólo a nuestra pasión; 627
Tal error se disipa y ahora comienzo a ver 628
Que tiene lo que quiere un Rey, y mucho más: 629
No obstante, yo no sé si pierde sin reservas 630
A un hombre de tal peso y de tal importancia: 631
Su alma debe al menos un combate a Moncada, 632
Pues es, de hace diez años, soporte del Estado; 633
Dos veces hemos visto temblar a Barcelona 634
Y el sólo la corona supo reafirmar; 635
Tan importantes logros hablan en su favor, 636
Tanta fidelidad, respeto y fervor, 637
Sus bienes y sus votos, su prestigio y su cuna, 638
Nada llevó su alma a acciones licenciosas, 639
Siempre sumiso fue al mandato del rey, 640
De todos sus deseos Moncada hizo ley, 641
¿Puede ser que este Príncipe perdiera la memoria 642
De tantos grandes logros, del mérito y la gloria? 643
DON ALVAR.
Por más que haga el súbdito, nada le debe el Rey, 644
Que siempre le ofrendamos lo que por ley es suyo; 645
No se puede jamás, sin resultar osado, 646
Al cumplir un deber esperar un salario: 647
No murmuremos pues, y decid solamente 648
Si podría Moncada hablaros un momento. 649
LINDAMIRA.
Aquí lo esperaré, podéis acompañarlo, 650
Pues en mis aposentos, nos podrían molestar. 651
De la gente importuna aquí nos protegemos. 652
DON ALVAR.
No os alejéis entonces, voy volando a advertirle. 653

ESCENA II.

LINDAMIRA,
sola. Dejadme ya tranquila, orgullo omnipresente, 654
Callad, vuestra influencia al fin he superado: 655
Orgullo, cobardía, sospechas y frialdad, 656
Salid por siempre ahora de mi alma cohibida; 657
Tiranos mucho tiempo de mi corazón fuisteis, 658
Estallad, estallad, pasión pura y secreta. 659
Amor noble y fiel, por tiempo combatido, 660
Esclavo infortunado de una austera virtud, 661
No escondas tus ardores a quien nacer los hizo. 662
Habla, amor inocente, tiempo es de aparecer. 663
Moncada es desdichado y en esta situación 664
Serás menos amor que generosidad; 665
Hazte ver por entero; la piedad que te cubre, 666
Te esconde de sospechas... ¡Ah, encuentro penoso! 667

ESCENA III.

( Lindamira, Clotario. )
CLOTARIO.
Señora, al enterarme de que un largo destierro 668
Hoy os va a despojar de un amante notable, 669
Yo vengo a reparar esta pérdida cruel, 670
Poniendo a vuestros pies mi tierno corazón, 671
Leal y delicado, traspasado de amor, 672
Que nunca suspiró nada más que por vos. 673
LINDAMIRA.
(¡Dioses! ¡Qué cobardía!) 674
Y sin duda aprovecha la hora más favorable: 675
El alma que del Rey sigue el furor y el odio. 676
Muestra ser muy honesta y digna de mi amor. 677
Quien tanto se interesa por los buenos amigos, 678
Inclina con presteza el favor de una amante; 679
Y puedo estar segura de vuestro ardiente amor, 680
Por cómo vos tratáis al infeliz Moncada. 681
CLOTARIO.
Si, Señora, en efecto, mi odio por Moncada 682
Deja ver mi pasión y os convence de ella; 683
Cuando un alma odia tan fuerte a su rival, 684
Debe estar abrasada por un amor sin par. 685
Ahora que conocéis que mi odio es extremo, 686
Podéis juzgar mejor cuánto os ama Clotario. 687
LINDAMIRA.
Vuestro corazón tuvo tal pasión bien secreta, 688
Si no de buena fe, al menos fue discreto; 689
Me mostráis vuestro ingenio, aunque no sois sincero, 690
Y en fin, sabéis fingir, aunque no agradar. 691
CLOTARIO.
Cierto es, que un respeto contrario a mi pasión 692
Enceró mucho tiempo este fuego en mi alma; 693
Escondí mis suspiros y retuve mis quejas: 694
Mas al final mi amor es mayor que mi miedo; 695
Tengo que declararlo, muero de amor por vos: 696
Ahora podéis armaros del más arduo rigor; 697
No importa, muero ahora con menos sufrimiento 698
Por vuestra crueldad que por mi amplio silencio. 699
LINDAMIRA.
Un gran Doctor ha sido el rey en vuestro mal, 700
El respeto habría roto vuestro destino en breve: 701
Mas el rápido apresto de la desgracia real 702
Contra el silencio ha sido un remedio eficaz, 703
La fortuna conoce admirables secretos 704
Para alargar los días de amantes discretos. 705
CLOTARIO.
Os burláis ante mí de pasión tan sincera. 706
¡Ah! Mostradme más bien todo vuestro furor 707
Que el odio en el amor es menos injurioso... 708
LINDAMIRA.
Me pedís vos que actúe con mayor seriedad, 709
Y con placer accedo a una plegaria tal, 710
Porque quiero mostraros mi alma por entero; 711
Osáis llevar con honra el nombre que lleváis, 712
Y mostrar sin vergüenza tan grandes cobardías; 713
Esclavo del destino, Príncipe más que indigno, 714
Tras esta cobardía que sin temor mostráis, 715
Osáis vos ofrecerme vuestros votos y amor. 716
Idos, vil cortesano, camaleón de Corte, 717
No me mostréis jamás vuestra pasión y audacia, 718
Y ofreced tales dones a un alma más baja, 719
Sabed... 720
CLOTARIO.
Ya es suficiente, este extremo furor
Hasta el desprecio llega y traspasa el rigor, 721
Dejándoos dominar por tanta violencia, 722
Campo libre otorgáis a mi justa venganza. 723
Conozco hartas maneras para ejercerla bien 724
Nos os digo nada más, reflexionar os dejo. 725
LINDAMIRA.
El odio o la amistad de alguien de tu ralea... 726
¡Ahí aparece Elvira! 727

ESCENA IV.

( Lindamira, Elvira. )
DOÑA ELVIRA.
¿Qué cólera os transporta?
LINDAMIRA.
El dolor de observar que el siglo está infectado 728
De perfidia tan grande, de tan gran cobardía, 729
De que hay pocos amigos en los tiempos que corren, 730
De ver que el interés es el Dios de los hombres. 731
DOÑA ELVIRA.
Ese es vuestro dolor, por lo que puedo ver 732
El amor por el prójimo ha gran poder en vos: 733
¿Qué os importa o no el mal que se practica? 734
¿Respondéis ante Dios de la pureza humana? 735
LINDAMIRA.
No, mas, si nuestro siglo fuera más generoso, 736
No estaría agobiando a mis pobres amigos: 737
Clotario ahora traiciona al infeliz Moncada, 738
Si esto fuera un delito no osaría cometerlo. 739
El nombre "falso amigo" de horror lo llenaría, 740
Si fuera aborrecido por la gente de honor: 741
Mas, su alma de este crimen se exime fácilmente, 742
Porque, en general, pasa por ser prudente. 743
DOÑA ELVIRA.
Es tremenda desgracia, por mi parte sostengo 744
Que es un inmenso fardo la cólera del Rey, 745
Y que hay que evitarla con extremo cuidado, 746
Pues el primer amor, es el amor de sí. 747
LINDAMIRA.
¡Os amáis mucho vos! 748
DOÑA ELVIRA.
¿Qué vos os amáis menos?
Mi dicha es para mí el cuidado primero, 749
Lo más cuerdo aquí abajo es hacerse feliz. 750
LINDAMIRA.
Por cierto, que creía vuestra alma más benigna; 751
Sabiendo de qué modo queríais a Moncada, 752
Creía que su suerte hoy os conmovería. 753
DOÑA ELVIRA.
Juzgáis según vos misma, a lo que me parece... 754
LINDAMIRA.
Su desgracia me afecta, me glorío de ello, 755
Me compadezco mucho de su estado actual. 756
DOÑA ELVIRA.
¿El cielo os hizo un alma más sensible que a mí? 757
LINDAMIRA.
Tan similar la tiene Clotario a la vuestra 758
Que creo que los Dioses, una para otra hicieron; 759
Vuestros temperamentos son harto similares. 760
Como él, vos seguís del azar la inconstancia, 761
Vuestra sinceridad es también similar, 762
Tan perfecta pareja debería estar junta. 763
DOÑA ELVIRA.
Con toda la razón, os sentís amargada, 764
El obsequio os quitaron de vuestro favorito; 765
Quejaos para aliviar un martirio tan cruel; 766
Aquí está vuestra amiga, libre podéis hablar. 767
LINDAMIRA.
Mas, ¿no tenéis vergüenza? 768
DOÑA ELVIRA.
¡Dioses, vaya arrebato!
Mirad qué significa perder a un amante; 769
Ignoraba el furor que encerraba ese mal, 770
No habiéndolo sufrido nunca en mis propias carnes; 771
Me habían contado que era muy apremiante: 772
Tenía algunos versos para el amante ausente; 773
¿Dónde estarán? 774
LINDAMIRA.
¡Oh, Cielos!
DOÑA ELVIRA.
Aquí están, elegía:
"Destinos que robáis la mitad de mi vida". 775
Sí, son estos sin duda, escuchad: 776
LINDAMIRA.
¡Por los Dioses!
DOÑA ELVIRA.
"Cielo que has ordenado que mi alma se divida": 777
El estilo es muy tierno. 778
LINDAMIRA.
¡Corazón fariseo!
DOÑA ELVIRA.
Pero esto os amarga aún más intensamente, 779
No conozco otro modo de calmar vuestro enojo, 780
Veo que hoy es mejor en soledad dejaros. 781
LINDAMIRA.
¡Dioses, de qué linaje tal mujer ha surgido! 782
Puede su corazón... 783
DOÑA ELVIRA.
Adiós doliente amante.

ESCENA V.

LINDAMIRA,
sola. Si pudieras juzgar qué vergonzoso es 784
Vilmente insultar a tristes indefensos... 785
Cualesquiera tormentos que mi alma temer deba, 786
De los dos, me creerías la más desventurada: 787
Ahí llega Moncada. 788

ESCENA VI.

( Moncada, Lindamira. )
LINDAMIRA.
¡Qué desgracia, Señor!
Cierto es que en la tierra nada es perdurable, 789
Mas me muestran mis ojos que sois el mismo ser, 790
Al que han visto más pronto con una extrema dicha, 791
Y que toda esa pompa, cuando el destino quiere, 792
Muere como una flor en solo una mañana; 793
Qué hechizo he de usar para bien convencerme 794
De veros desgraciado, siendo Moncada vos. 795
MONCADA.
Furioso sortilegio que mi alma adora 796
Porque me enorgullezco de sufrirlo por vos. 797
Señora, solo el Cielo me ha sido ahora propicio 798
Al dejarme ofreceros tan pobre sacrificio: 799
El crédito, el fasto, tan enorme grandeza, 800
Sólo me hizo probar la sombra de la dicha, 801
Y lo único que puede hacerla superior 802
Es dejar todo a un lado por nuestro ser amado, 803
Y ahora saboreo esa dicha perfecta 804
Y me siento también del todo satisfecho. 805
LINDAMIRA.
Señor, podéis estarlo, la gloria y la dicha 806
No se van a perder, las guardo en mi memoria, 807
Ni todos los esfuerzos de la ingrata fortuna 808
Podrán borrar de mi alma tesoros tan preciados 809
Pues quedarán grabados, a pesar de su rabia, 810
Con una viva imagen de todo lo que os debo, 811
Mi alma, con tal retrato, de pasión se henchirá 812
Y el amaros, Señor, será su fiel deber. 813
Si perdéis por mi culpa tan vasto poderío, 814
Sólo perdéis un bien sujeto a la inconstancia; 815
Y a cambio os doy mi alma para que os consoléis, 816
que ya solo la muerte podrá arrebataros. 817
MONCADA.
¡Ah, digna recompensa! ¡Ah, gloria sin igual! 818
Ahora que todo el mundo me viene a detestar, 819
que el miedo de atraer la cólera del rey 820
espanta a mis amigos, os entregáis a mí: 821
Al ser un desgraciado me encontráis más amable, 822
Y me dan mis sentidos la verdadera prueba. 823
LINDAMIRA.
Sí, Señor, la desgracia ha atraído mi amor. 824
No erais para mí, antes del día de hoy, 825
Las cuitas del Estado sin cesa os preocupaban, 826
A él pertenecíais, más que a vuestra dama; 827
Vuestra alma, poseída por todos sus problemas, 828
Me confundía a menudo con todo el universo: 829
Y esta confusión es en amor fatal, 830
Te doy gracias, exilio: borras a mi rival. 831
Hoy soy yo la que triunfa, ya no hay más favorito, 832
Moncada me podrá dar entera su alma. 833
Qué inocentes placeres nos depara este exilio, 834
La Fortuna es, Señor, extraña y muy inquieta, 835
Pues lanza al corazón desordenadas cuitas, 836
Que apagan a menudo las llamas del amor. 837
La desgracia, al contrario, es sensible, conmueve, 838
Nos pone en un estado tierno y languideciente, 839
Que dispone a nuestra alma mejor para el amor 840
Que el fasto y el ruido de la profusa Corte. 841
MONCADA.
¡Dioses! Con qué arrebato de placer y pasión 842
Tal discurso amoroso enardece mi alma: 843
¿Que vos me amáis? ¡Dios mío! ¡Qué gran felicidad! 844
Mas, Señora, ¿es amor o es generosidad? 845
Ya tiemblo, pues al fin, esta enorme ternura 846
Se ha escondido a mis ojos con tan grande finura, 847
Y por tan largo tiempo me habéis hecho dudar 848
Que aún mi corazón no osa enorgullecerse; 849
Yo no sé qué sospecha, funesta a mi reposo, 850
Me dice que el amor siempre se manifiesta; 851
Que controlar no puedes tus deseos del todo 852
Pues siempre se le escapan al amor los suspiros. 853
Sin embargo, la fuerza de una pasión legítima 854
Lo más que desveló fue una gran estima; 855
Dos años de cuidados, de vos me han concedido 856
La esperanza de un día ser vuestro fiel esposo; 857
Pero aceptar la fe sin mucha repugnancia, 858
No siempre es del amor compromiso certero, 859
Y tuve que dudar hasta este momento 860
Porque de mi esperanza era único cimiento. 861
LINDAMIRA.
Pues ya no dudéis más, que vuestro miedo cese; 862
Cierto es que el exceso de mi delicadeza, 863
Me hizo tener miedo de ofender mi amor 864
Confundiendo sus votos con los de esta Corte; 865
Temía que creyeran que mi alma es vulgar 866
Y de amar me acusaran, en vos, vuestra fortuna; 867
Vuestro exilio le aparta a mi pasión las trabas, 868
Os amo, cierto es, creedme, así lo quiero. 869
MONCADA.
Así sea, Señora, osaré ahora creerlo, 870
¡Un amor tan preciado que me llena de gloria! 871
Mas, para mi desgracia, me entero harto tarde 872
Pues por fin ha llegado la hora de mi partida. 873
LINDAMIRA.
Pocos días estaremos separados los dos, 874
Tengo casa, Señor, muy cerca de la vuestra. 875
Estaos bien tranquilo, allí iré a retirarme 876
Cuando lo pueda hacer sin las murmuraciones; 877
Dejad que me conduzca con algo de decoro, 878
Y lo demás... 879
MONCADA.
¡Ah, Dioses! Después de esta promesa,
Qué más puedo pedir, dejad que a vuestros pies 880
Mi alma llena de amor... 881
LINDAMIRA.
Levantaos, Señor.
¡Ay, si os vieran así...! ¿En qué pensáis...? 882
MONCADA.
Señora,
Habéis puesto a mi alma en tal arrobamiento... 883
LINDAMIRA.
Temo nos hayan visto, salgamos de este sitio: 884
Idos. Adiós, Moncada... 885
MONCADA.
Adiós, adiós, Señora.

ACTO IV

ESCENA I.

( Doña Elvira, Leonor. )
LEONOR.
Aunque para vos sea una amiga molesta, 886
No puedo tolerar proceder tan extraño: 887
En una hora a Moncada habéis vos olvidado, 888
Un hombre tan perfecto... 889
DOÑA ELVIRA.
Ha sido desterrado.
LEONOR.
¿Y a causa del destierro ya no es el mismo ser? 890
Vuestro corazón siente una extrema ternura, 891
Y después, sin esfuerzo, tan sólo con quererlo, 892
Cambiáis de amante igual que cambiáis de pañuelo. 893
DOÑA ELVIRA.
¿Y vos no encontráis mi método admirable? 894
Mi alma amó a Moncada el tiempo que fue amable, 895
Cuando el favor volvía precioso su amor, 896
Cuando juegos y risas sin cesar lo seguían. 897
Yo que siempre buscaba diversiones y dichas, 898
En poder adquirirlas me esforzaba sin tregua. 899
Pero en la tesitura donde hoy se le ve, 900
Agobiada su alma de tristeza y apuros, 901
Más adecuado objeto de llanto que de gozo, 902
¿Podría, sin errar, ver los mismos encantos? 903
¿Dónde quedan mi espíritu y mi discernimiento? 904
¿Cómo defenderíais vuestro razonamiento? 905
LEONOR.
Sería demostrar intrépido coraje, 906
Una constancia inmensa... 907
DOÑA ELVIRA.
Busquemos algo firme;
Ya basta de constancia, la hemos abandonado, 908
No es más que una quimera vestida de virtud: 909
Nuestros padres tuvieron esa loca manía, 910
Mas el siglo ha sanado de aquella enfermedad. 911
Creedme, Leonor, hoy en día en la Corte 912
Ya no se le dan más cadenas al amor. 913
Como es niño, creemos que gusta de reír, 914
Y tratamos de juego lo que antes fue martirio. 915
LEONOR.
Cierto es que, al veros tratar así su fuego, 916
No se puede negar que no sea más que un juego: 917
Mas debéis aclararme un punto nada más; 918
¿No amabais a Moncada antes de esta desgracia? 919
¿Era o no fingimiento? 920
DOÑA ELVIRA.
Vos me conocéis bien,
Odio lo que otros aman y no amo nunca nada; 921
Lo que pueda quitarme de la más bella el nombre, 922
Me inspira ciegamente un rechazo mortal: 923
Lindamira se vio más amable que yo, 924
Cuando pudo atraer al Favorito real. 925
Tan pronto recibió el glorioso homenaje, 926
Atrajo para sí toda mi irritación. 927
Mas cualquiera que sea la causa de mi ira, 928
Ahora odio a la amante y no quiero al galán; 929
Y para demostraros cómo amaba a Moncada, 930
He hecho una conquista en nuestra caminata: 931
Sin mucho alardear, o mucho me equivoco 932
O Don Lope ha sentido cuáles son mis encantos, 933
Y he podido captar una dulce mirada. 934
LEONOR.
Cuanto más me contáis, menos puedo entenderos; 935
Este modo de amar, la rápida mudanza, 936
Para los de mi especie, son arte de la magia: 937
Mas, dejemos el tema, tiene el amor misterios 938
Que no desvela nunca a amantes ordinarios: 939
Podéis cambiar de idea, podéis incluso odiarle, 940
Pero, ¿unirse a Clotario, Elvira, y traicionarlo? 941
Es la última acción de un alma baja y débil. 942
DOÑA ELVIRA.
¿Acaso debería compartir su desgracia, 943
Y pasar exiliada mis días más hermosos 944
Por un celo indiscreto que no sirve de nada? 945
Hice pensar a todos con un cuidado sumo 946
Que amaba a Lindamira tanto como a mí misma. 947
Ella adora a Moncada y puede en su tristeza 948
Expresar su protesta y perderse con él. 949
Si su amor la llevase a esta extravagancia 950
Se supondrá que soy cómplice de los hechos, 951
Y cualquier envidioso que tenga cerca el Rey 952
Sobre mí atraería su cólera, si hablase; 953
Tengo que defenderme de una calumnia tal, 954
Mostrando que yo soy su enemiga mayor, 955
Y librarme con tiento de tan grande peligro, 956
A través de mi ahínco para bien desairarlos. 957
Pues es bello recurso para una desgraciada, 958
Pensar, como dirán, que soy muy generosa. 959
Bonita ambición, gracias al Cielo, mi alma 960
no ambiciona pasar por noble a ese precio: 961
Que penetre quien quiera misterios tan sublimes, 962
No me alimento yo de tan vanas quimeras; 963
Sé lo que son la gloria y el perfecto amor: 964
Mas temo la desgracia, y adoro esta Corte; 965
Los ojos más brillantes se empañan con el llanto, 966
Y tres días de penas siegan los atractivos. 967
Yo aprecio mis encantos y para que me duren, 968
Prometí hace tiempo que jamás lloraría; 969
Ese es mi parecer, por más que me reprochen, 970
Que no quiero tener disputas en tal punto. 971
Si os gusta la tristeza, partámosla entre dos, 972
Vos lloraréis por mí, yo reiré por vos, 973
¿Os gusta esta idea? 974
LEONOR.
No se puede hacer más,
Favor muy grande es: mas, ¿qué quiere este paje? 975
DOÑA ELVIRA
Es de mi nuevo amante: ¿qué quieres? 976

ESCENA II.

( Doña Elvira, Leonor, Un Paje. )
EL PAJE.
El billete
Os lo dirá, Señora. 977
DOÑA ELVIRA.
Me huele a que es de amor.
( BILLETE )
Desde nuestra entrevista, 978
Percibo, sin pensarlo, 979
Que estoy muy impaciente, 980
Y no sé bien por qué. 981
Mi alma ya palpita de forma novedosa, 982
Mi corazón desea suave agitación; 983
Yo no sé lo que es, pero pienso, Señora, 984
Que cerca de vos solo terminará este mal. 985
( Doña Elvira continua. )
¡Es de lo más galante!: Por ventura, amiga, 986
¿Placería esta nota a vuestra honestidad? 987
No salgo esta noche, Paje, me encontrará 988
Dile que venir puede, pues me complacerá. 989

ESCENA III.

( Doña Elvira, Leonor. )
DOÑA ELVIRA.
Y bien, doña constante, el amor a mi modo 990
Parece más amable o es más fastidioso; 991
Hablad, ¿qué me decís? 992
LEONOR.
Un alma que tan pronto,
Se enciende y se enfría, no es de gran valor. 993
DOÑA ELVIRA.
¡Pues menuda ilusión! Con esto me contento, 994
Basta con que él ocupe una plaza vacante; 995
Que el azar haga el resto, ya llegará el momento 996
En que me estorbaría si fuera más constante. 997
Por lo menos me ahorra la desgracia cruel, 998
De un día estar sin amante siendo joven y bella: 999
Pero llega Clotario. ¿Y bien, Señor? 1000

ESCENA IV.

( Doña Elvira, Leonor, Clotario. )
CLOTARIO.
La suerte
Para favorecernos parece hacer esfuerzos; 1001
Enteraos de un proyecto de extrema importancia, 1002
Que nos habría perdido sin algo de prudencia, 1003
Lindamira, burlando la cólera del Rey 1004
Se exilia con Moncada y con él se promete. 1005
DOÑA ELVIRA.
¿Quién lo habría esperado de mojigata tal? 1006
Mas, ¿cómo conocéis tal proyecto increíble? 1007
CLOTARIO.
Por uno de sus hombres que en estima me tiene, 1008
Y con quien en su casa a menudo converso. 1009
Mas, Moncada se exilia dentro de una provincia 1010
En la que Lindamira gobierna como el Príncipe, 1011
Puesto que antaño estuvo en poder de su Casa, 1012
Y quizás esto mismo encierra una traición. 1013
Si esto es así, Señora, semejante aventura 1014
Nos dará en la Corte una alta posición: 1015
El Rey sabrá por nos tan cara información. 1016
Por Dios, imaginad el rango que tendremos, 1017
No habrá favor alguno con que no se nos honre, 1018
Y podremos tomar el lugar del culpable. 1019
DOÑA ELVIRA.
¡Dios! Corramos a dar estas informaciones. 1020
LEONOR.
¿Y vais a cometer este crimen odioso? 1021
¿Una traición terrible...? 1022
DOÑA ELVIRA.
¿No veis la heroicidad?
¿Acaso es hoy un crimen envolverse en política? 1023
¿Conocéis la desgracia y la adversidad 1024
Que arrastra a los amigos de aquel que se rebela? 1025
CLOTARIO.
Elvira lo ha entendido: ya es una sentencia 1026
Que todos sus amigos padecerán su crimen: 1027
Creedme, Leonor, es delicado asunto 1028
Y demasiado hablamos de tan feo atentado. 1029
Vamos a ver al Rey; por lo demás, Señora, 1030
Me daría vergüenza acusar a una dama, 1031
¿Podríais...? 1032
DOÑA ELVIRA.
Sí Señor, me ocuparé de ello.
CLOTARIO.
Vamos: mas, helo aquí, el Príncipe se acerca. 1033

ESCENA V.

( Le Rey, Doña Elvira, Clotario, Leonor, Carlos. )
EL REY.
¡Cielos! Habrase visto que en tan salvaje siglo 1034
Un verdadero amigo sea cosa tan extraña. 1035
DOÑA ELVIRA.
¿Podría osar, Señor, sin mucha libertad, 1036
Informar de una nueva a su Alta Majestad? 1037
EL REY.
Podéis, Señora. 1038
DOÑA ELVIRA.
Es difícil de creer.
Esa altiva persona con un alma gloriosa, 1039
Esa alma impenetrable a las flechas de amor, 1040
Lindamira, sin más, a su vez es amante. 1041
Ella acompañará en su viaje a Moncada, 1042
Y la piedad corona, al fin, tanto valor. 1043
Era un alma de acero, miedo le daba amar: 1044
Pero la compasión vence a las buenas almas. 1045
EL REY.
¿Será posible, Dioses? ¡Ese supremo orgullo! 1046
¡La soberbia belleza! 1047
DOÑA ELVIRA.
Sí, Señor, ella misma,
Ella compartirá de su amante el exilio. 1048
EL REY.
¿Quién habría esperado un arrebato así? 1049
DOÑA ELVIRA.
Señor, desde antaño la virtud ejemplar 1050
Es un hábil disfraz para ocultar embrollos; 1051
No os fieis jamás de un corazón de piedra 1052
Al que el amor parece no querer acercarse; 1053
No se deja de amar, por mucho que se finja, 1054
Y el fuego que se esconde causa mayor temor. 1055
EL REY.
Al vos quererla tanto, su partida de aquí... 1056
DOÑA ELVIRA.
Yo la quiero, Señor; que los Dioses me amparen. 1057
Ella va a merecer vuestra cólera justa, 1058
Pues sigue a un desterrado que ha podido ofenderos, 1059
Y mi alma osaría consentir en quererla, 1060
Que de nuevo el Cielo me ampare por ello: 1061
Por piedad, de Elvira judgad bien el sentir. 1062
Para justificarme, Señor, oso decir, 1063
Que si yo juzgo bien esta rápida huida 1064
No sólo una pasión debe de ser la causa. 1065
Mi mente no es muy sabia, mas, sé qué son mujeres, 1066
Sé muy bien que el despecho manda sobre sus almas: 1067
Y vos herís la mía en punto delicado. 1068
No entiendo demasiado de la razón de Estado: 1069
Mas de ella temería, de ser vos, cualquier cosa, 1070
Ved lo que puede hacer y pensad, por favor. 1071
CLOTARIO.
Si oso sobre el tema daros mi parecer, 1072
Este miedo, Señor, tiene su fundamento. 1073
La noble inquietud de los grandes Monarcas 1074
Rara vez se rebaja hasta la muchedumbre, 1075
Ocupado su espíritu en ilustres proyectos 1076
Pensando de pasada en los deseos del pueblo. 1077
Mas, nosotros, ociosos, cuya mayor tarea 1078
Es de ordinario hacer examen de los otros, 1079
Nos fijamos en todo, nada se nos escapa. 1080
Y es en calidad de curioso y ocioso, 1081
Que oso en este punto atreverme a deciros 1082
Que sobre Lindamira será bueno velar: 1083
Tal viaje, Señor, más de una razón tiene, 1084
Pensad en qué provincia tiene casa Moncada. 1085
EL REY.
Sin duda que me hacéis una gran advertencia, 1086
Como podréis juzgar por mi agradecimiento; 1087
Tal bondad me sorprende, confieso entre nosotros, 1088
Que yo no me esperaba tanto celo de vos 1089
No siendo mi vasallo. 1090
CLOTARIO.
Señor, vuestra persona
Somete corazones más que vuestra corona; 1091
El placer de serviros se convierte en deber, 1092
Al tener simplemente la dicha de encontraros. 1093
EL REY.
Me dejáis confundido, Príncipe, y mi buen genio 1094
En este encuentro muestra una fuerza infinita 1095
Pues Moncada debía seducir vuestra alma. 1096
Pareció que os servía con gran solicitud 1097
Y fue, ya lo recuerdo, sólo por sus plegarias, 1098
Que yo fui a socorreros en la última campaña. 1099
Desde entonces, tan sólo su oficioso afán 1100
Os hizo obtener asilo en este sitio. 1101
Semejante servicio y de tal importancia, 1102
Habría de tener peso en vuestra alma, 1103
Y cuando lo pensaba, sospechaba de vos. 1104
CLOTARIO.
¡Sospechar vos de mí! Yo pongo en la balanza: 1105
Si bienes recibí de la mano de otro 1106
Jamás pude ignorar que nacían de la vuestra, 1107
Sea cual sea el canal que hasta mi los condujo, 1108
Vos erais el origen y os los debo a vos. 1109

ESCENA VI.

( El Rey, Doña Elvira, Leonor, Clotario, Lindamira, Carlos. )
EL REY.
Sí: pero esa amistad que demostrabais vos. 1110
LINDAMIRA,
bajo. Escuchemos. 1111
CLOTARIO.
Yo amaba el favor de su Rey;
Y jamás hubo nada que me atrajera más 1112
Que la dicha de ser ayudado por vos. 1113
Si os lo he de declarar desde este mismo instante, 1114
Esperaba que fuerais más avaro con él. 1115
Todo el mundo veía con pena su favor, 1116
Y los más fieles súbditos hablaban en secreto. 1117
DOÑA ELVIRA.
Señor, os está dando una opinión certera; 1118
En efecto, su orgullo era insoportable. 1119
LINDAMIRA,
bajo. Cobarde... 1120
CLOTARIO.
Todo el reino estaba descontento.
LINDAMIRA.
Sí Señor, cierto es, la opinión es certera. 1121
CLOTARIO.
¡Dioses! Es Lindamira. 1122
LINDAMIRA.
Y personas así
Sirven de gran ayuda al bien de la Corona: 1123
Seguid, seguid con ello, pródigos consejeros, 1124
Acabad de abatir a un desgraciado amigo, 1125
Mostrad a nuestros ojos un crimen ilusorio, 1126
Como esperar debemos de Elvira y de Clotario. 1127
¡Gran Rey! ¿Será posible que vuestra majestad 1128
Soporte tal bajeza y tanta cobardía? 1129
Príncipe honorable, Monarca incomparable. 1130
¿Podéis ver, sin horror, a estos miserables? 1131
EL REY.
Moderad, moderad la vehemente furia, 1132
Ya sé de dónde viene vuestro inmenso arrebato: 1133
Por ellos yo conozco el venturoso viaje, 1134
Que vais a emprender por amor a Moncada. 1135
Lo habéis sin duda oído y procede tal cólera 1136
De encontrar un obstáculo a tan dulces proyectos. 1137
LINDAMIRA.
Ignoraba hasta dónde llega su cruel perfidia, 1138
Y no he oído nada de su difamación. 1139
EL REY.
¿Entonces el viaje es un cuento inventado? 1140
LINDAMIRA.
Yo no quiero negar a Vuestra majestad, 1141
Que, gustando de estar tranquila y solitaria, 1142
Había decidido partir en el exilio. 1143
Pero para alejarme del ruido y de la Corte, 1144
Y por el puro hartazgo, más que por el amor. 1145
EL REY.
No quiero saber más sobre este tema ahora. 1146
¡Basta! Se ven muy pocas mozas de vuestra edad 1147
Partiendo de la Corte sin pena ni dolor, 1148
Si amor no está mezclado en su aversión secreta. 1149
Veo vuestro propósito y adivino qué sigue; 1150
Y como rara vez tiene el amor un límite, 1151
Más bien hay que pensar en cómo remediar 1152
Los daños que podría tal pasión provocar. 1153
Voy a pensar en ello. 1154
CLOTARIO.
Sigámosle, Señora,
Y mantengamos algo de nuestra compostura. 1155
LINDAMIRA.
¡Dios que leéis el alma! Aplacad la del Rey 1156
O haced que su ira sólo recaiga en mí. 1157

ACTO V

ESCENA I.

( Lindamira, Don Alvar. )
LINDAMIRA.
¿Qué? ¿Moncada arrestado? ¡Ay, desgracia cruel! 1158
¿Debo creerme, Dioses, esta triste noticia? 1159
DON ALVAR.
Pluguiese a Dios que hubiera la ocasión de dudarlo: 1160
Mas, he visto, Señora, que acaban de arrestarlo. 1161
LINDAMIRA.
Para este nuevo mal ya no hay ningún remedio, 1162
Y siento que hace falta que ceda mi constancia. 1163
¡Le asestaron el golpe y ahora está perdido! 1164
Ahora no podemos albergar esperanzas, 1165
Su exilio me dejaba algunas ilusiones: 1166
Parecían guardar un poco de decoro, 1167
Lo enviaban a casa sin ruido ni alboroto. 1168
Mas, si lo trata el Rey de criminal de Estado, 1169
Creedme, Don Alvar, que ya está sentenciado, 1170
La envidia y mi desgracia juntas lo han jurado. 1171
DON ALVAR.
Pero ¿qué resolvéis con tan grandes problemas? 1172
LINDAMIRA.
¿Qué puedo resolver tal como estoy ahora? 1173
DON ALVAR.
Vuestra huida, mientras os esté permitida. 1174
LINDAMIRA.
¿Dónde huyo de un furor que el cetro autoriza? 1175
¿Dónde puedo esconderme de un monarca irritado? 1176
No, con tranquilidad aquí me esperaré. 1177
DON ALVAR.
Vuestra pérdida aquí será inevitable, 1178
Que uno es criminal cuando ama a un culpable. 1179
Ignoráis el derecho de la razón de Estado, 1180
La influencia que tiene sobre un Rey delicado. 1181
LINDAMIRA.
Si de dicha razón es víctima Moncada, 1182
Con mi sangre y mi vida un crimen compraría: 1183
Condenándome el rey a seguirle en la muerte, 1184
Le ahorraría al menos el crimen a mi brazo. 1185
Y por miedo que el Cielo con su furia implacable, 1186
Me prive de la dicha de parecer culpable, 1187
Hablémosle al rey de mi secreto amor. 1188
Ya os escuché bastante, peligroso pudor. 1189
Quiero ahora confesarme y, a pesar de las leyes, 1190
Perder esta inocencia contraria a mis deseos, 1191
Y por dichoso efecto de un impulso muy justo, 1192
Compartir para siempre la suerte de mi amado: 1193
Corramos hacia el rey, que una esperanza vana... 1194

ESCENA II.

( Lindamira, Don Alvar, Carlos. )
CARLOS.
Señora, por favor, ahorraos esta pena, 1195
Esperadle en casa, sale para ir allí, 1196
Y acaba de ordenarme que no os deje partir. 1197
LINDAMIRA.
Se le da un buen pretexto a tanta violencia. 1198
CARLOS.
Ejecuto con pena este nuevo mandato, 1199
Mas, la orden del Rey... 1200
LINDAMIRA.
En esta ocasión,
Se muestra en concordancia con toda mi pasión. 1201
Más me complace el Rey de lo que se imagina 1202
Al tratarme ahora como igual de Moncada. 1203
No merezco tal rango; mas, para merecerlo, 1204
Haré cualquier esfuerzo por imitarlo bien. 1205
Yo sé que este héroe no fue jamás culpable, 1206
Sólo de haber amado lo que juzgaba amable. 1207
Quiero seguir su ejemplo y hasta mi propia muerte 1208
Espero compartir su crimen y su suerte. 1209
Garantizadlo al Rey, vos, de quien oso creer 1210
Que el alma generosa celosa es mi gloria. 1211
Recibid de mi parte para expulsar los celos, 1212
Los consejos que ha poco recibía de vos: 1213
Huid, ilustre amigo, huid de esta tierra, 1214
Pues bien veo que el Cielo le declara la guerra. 1215
Sus gentes, a los Dioses, irritaron sin duda, 1216
No pueden soportar la virtud que hay aquí: 1217
Parece que el honrado debe echarse a temblar, 1218
El peligro amenaza a quien es como vos. 1219
DON ALVAR.
Señora, esconded vuestro ímpetu ardiente 1220
Moderad el exceso de vuestros arrebatos. 1221
LINDAMIRA.
Querido Don Alvar, no es tiempo de fingir, 1222
Cuando nada se espera, nada hay que temer. 1223
CARLOS.
Señora, pero el Rey nos habrá adelantado, 1224
Deberíais, por favor... 1225
LINDAMIRA.
Sí, Carlos, es bastante,
Vamos. 1226
CARLOS.
Perdonad, pero ¡Dioses! el Rey se acerca,
Habremos agotado su justa impaciencia. 1227

ESCENA III.

( El Rey, Lindamira, Clotario, Don Alvar, Carlos )
LINDAMIRA.
Como observáis, Señor, ya voy a retirarme, 1228
Y Carlos testimonia que es sin murmurar. 1229
EL REY.
Esperad un momento, pues me sois necesaria, 1230
Estáis muy implicada en todo este asunto. 1231
No os privéis del bien de ser testigo de ello: 1232
Vos, Carlos, ¿escucháis? 1233
CARLOS.
Voy a cuidarme bien.

ESCENA IV.

( El Rey, Lindamira, Clotario, Don Alvar. )
CLOTARIO.
Muy a pesar, Señora, de todos los desprecios, 1234
Os juro que comparto el pesar de vuestra alma. 1235
LINDAMIRA.
Vuestro corazón puede dispensarse de ello. 1236
No es tan grande mi pena como osáis pensar. 1237
EL REY.
Con calma. Hemos sabido por vuestra propia boca, 1238
El grado en que os afecta la suerte del culpable; 1239
Intentáis vanamente esconder la pasión... 1240
LINDAMIRA.
No, no, si así queréis, confesaré, Señor; 1241
¿Es un crimen amar a un magnánimo héroe 1242
Que del cosmos entero ha atraído la estima? 1243
CLOTARIO.
Después de tal discurso, Señor ¿a qué esperáis? 1244
EL REY.
Habláis de tal manera de quien causa mi rabia. 1245
El asombroso efecto de pasión temeraria 1246
Osa hasta ese punto mi cólera retar. 1247
LINDAMIRA.
Pero Señor, sois vos quien habéis provocado 1248
Este fuego que inflama mi alma, a mi pesar, 1249
Al poner a Moncada en lo alto de la gloria, 1250
Haciéndole ganar victoria tras victoria, 1251
Haciendo resaltar sus hazañas gloriosas. 1252
Así lo habéis vuelto para mí encantador: 1253
Si vos no lo hubieses colmado así de gracias, 1254
Su extrema suavidad, su fe, su gran prudencia, 1255
Su celo y su respeto por vuestra Majestad 1256
No habrían resaltado a mi ojo penetrante. 1257
La más alta virtud sucumbe ante el furor, 1258
Es una inclinación donde el más firme cae, 1259
Y lo he visto portar todo vuestro favor, 1260
Sin que su alma un momento viera titubear; 1261
Lo he visto conquistar sin ser un temerario; 1262
Valido sin orgullo, Cortesano y sincero. 1263
Tal lo habéis conocido, y ahora os sorprendéis 1264
De que después Moncada me haya enamorado. 1265
CLOTARIO.
Pero Señora, ya de toda esa gloria 1266
Hoy no conserva más que la triste memoria. 1267
Ya no es el objeto de la bondad del Rey, 1268
Cuyo amor elevó casi hasta su altura. 1269
Es el final funesto de una cólera augusta, 1270
Que por la sumisión debemos creer justa, 1271
Por la cual, conociendo a este Rey glorioso, 1272
Debéis desengañar vuestra alma y vuestros ojos. 1273
Si, vos debéis juzgar que un Monarca honrado, 1274
No trata de culpable sin causa a su vasallo. 1275
Conociendo al Rey, al ver estos reveses, 1276
Creo culpable a Moncada de crímenes diversos. 1277
Lo creo temerario, traidor y ambicioso, 1278
Creo que la virtud que a todos ha mostrado, 1279
Es máscara traidora, con que ocultaba a todos... 1280
DON ALVAR.
Puede venir, Señor, tal discurso de vos, 1281
¡Dioses! Habré escuchado semejante calumnia 1282
Del príncipe Clotario, ¡ah, qué negra perfidia! 1283
EL REY.
Don Alvar, qué arrebato... 1284
DON ALVAR.
Perdonadme, Señor,
Me ha salido del alma, pese a mi gran respeto. 1285
Cuando veo a este Príncipe acusando a Moncada, 1286
Gracias al que conserva su vida y señorío, 1287
Y quien sobradas veces y con suma bondad, 1288
Le consiguió favores de vuestra Majestad... 1289
No lo puedo negar, vuestra augusta presencia 1290
No podría obligarme a que guarde silencio. 1291
Yo conozco a Moncada, soy yo, Señor, soy yo 1292
El que mejor podría responder de su fe. 1293
Yo he visto sus fines, yo he leído su alma. 1294
Se esconden los defectos si la amada está cerca. 1295
Podríamos pensar, que amando a Lindamira 1296
Fingía sus virtudes para hacerse estimar: 1297
Mas yo, que lo observaba con atención extrema, 1298
Y a mí, a quien amó tanto como a sí mismo, 1299
Soy yo el que, al verlo acusado ante mí, 1300
Rechazaré, gran Rey, este trato injurioso. 1301
CLOTARIO.
Señor, esta gran ira y esta vehemencia, 1302
Marca su camarilla y también su concierto; 1303
Os lo decía bien, compraba corazones, 1304
Y se ganaba adeptos con los favores vuestros. 1305
Juzgad de su poder por este mismo ejemplo, 1306
Y para qué ha servido el rango de Monarca. 1307
LINDAMIRA.
Sí, traidor, los favores que del Rey recibía, 1308
Haciendo resaltar su mérito y su fe, 1309
Han originado así el amor que él inspira. 1310
CLOTARIO.
Después de esto, Dioses, ¿qué podría decir? 1311
LINDAMIRA.
Si en nuestros corazones tuvo pleno poder 1312
Fue porque él cumplió con su deber fielmente. 1313
DON ALVAR.
Sí Señor, así fue, conozco su inocencia: 1314
Y si oso tomar ante vos su defensa, 1315
Me entrego, gran Señor, a vuestra majestad, 1316
Como una garantía de su fidelidad: 1317
Sí, si está convencido del menor pensamiento 1318
Que a vuestra autoridad cause el menor estrago, 1319
Me someto, Señor, a la muerte más cruel... 1320
LINDAMIRA.
Para mí es tal honor, no me lo arrebatéis. 1321
Sí, Don Alvar, soy yo, a quien ama y adora, 1322
La que ha de responder de él cual de sí misma: 1323
Rey justo y bondadoso, dejad que a vuestros pies... 1324
EL REY.
Lo vamos a arreglar, helo aquí, levantaos. 1325

ESCENA V.

( El Rey, Moncada, Lindamira, Clotario, Don Alvar. )
EL REY.
Ven a ver, desgraciado, cientos de pruebas públicas 1326
Que muestran lo que causan tus prácticas secretas: 1327
Mira a mis cortesanos, a los que yo más quiero, 1328
Esforzarse por ser inmolados contigo: 1329
Mira a Don Alvar, acércate y observa, 1330
A aquella de quien soy menos un Rey que un padre, 1331
Y de la que cuidé desde su primer día; 1332
Cómo hace ceder mi derecho a su amor: 1333
Lindamira, el objeto de toda mi estima, 1334
Quiere seguir tu exilio y compartir tu crimen. 1335
Ella ama al que me ofende, me lo ha confesado, 1336
Traiciona mis designios por su pasión culpable: 1337
Habrase nunca visto que un ardor similar... 1338
MONCADA.
Señor, juzgad mejor el deseo de su alma, 1339
Y no desaprobéis con tal severidad, 1340
Un tierno movimiento de generosidad: 1341
Ella sola, Señor, mueve a Lindamira, 1342
Nada tiene de amor el celo que la inspira, 1343
Y cual sea el arranque que ella demuestra hoy, 1344
Es piedad, es bondad: pero no es amor. 1345

ESCENA VI.

( El Rey, Clotario, Moncada, Don Alvar, Lindamira, Doña Elvira, Leonor, Carlos. )
DOÑA ELVIRA.
Ya lo veis, Leonor, con esto es suficiente, 1346
Siempre por todas partes la dicha es mi divisa; 1347
Pero no es ahora aquí donde he de predicar, 1348
Vayámonos. 1349
EL REY.
Venid, podéis aproximaros.
Vuestra presencia aquí nos será necesaria, 1350
Necesito testigos para lo que he de hacer. 1351
LINDAMIRA.
Sí, para hacer que estalle mi gloria frente a todos, 1352
Acercaos, Elvira, aquí os necesitamos, 1353
Sabiendo la prudencia de que es capaz vuestra alma, 1354
Os mostraremos hoy pruebas de mi pasión. 1355
Y doy gracias, Señor, de esta deferencia 1356
Pues querría de testigo tener al universo. 1357
MONCADA,
bajo. ¡Dioses! Se va a perder. 1358
LINDAMIRA.
Confesaré sin miedo.
MONCADA.
No la creáis, Señor, es puro fingimiento. 1359
Conociendo el poder que tiene en vuestra alma, 1360
Ya finge por bondad complaciente pasión, 1361
Pensando que quizás un Monarca que la ama, 1362
Acordará mi gracia a su extremo amor. 1363
LINDAMIRA.
Ya he dicho demasiado, tus esfuerzos son vanos, 1364
Gracias a mis palabras, tendremos igual suerte. 1365
EL REY.
¿Cómo has seducido a una persona tal? 1366
¿Quizás con la esperanza de usurpar mi corona? 1367
Que este gran corazón nunca se ha doblegado. 1368
LINDAMIRA.
Cumplió con su deber, y muy bien os sirvió 1369
Se seducen así las magnánimas almas, 1370
Y no con la esperanza de cometer un crimen. 1371
Reconoced, Señor, lo que encendió mi llama: 1372
Fue su alta virtud la que me lo hizo amar, 1373
Ella es la ilustre causa de una pasión tan pura. 1374
DOÑA ELVIRA.
Qué grande cosa es este perfecto amor. 1375
¡Viva el práctico amor y la buena amistad! 1376
MONCADA.
Señora, por los Dioses, tened menos piedad, 1377
Empeoráis mis males si vuestro celo aumenta, 1378
Sed menos generosa, mostraos más prudente. 1379
¡Pobre! Quién me diría antes de este día, 1380
Que mi peor desgracia sería su gran amor. 1381
LINDAMIRA.
Yo sé que este exceso me hará criminal: 1382
Mas mi mayor deseo no es más que parecerlo; 1383
Señor, si yo lo muestro culpable hoy aquí, 1384
Pretendo, por mi parte, serlo también para él. 1385
Su amor os disgustó, el mío hace lo mismo, 1386
Él dijo y yo confieso, si él amó, yo lo amo; 1387
Ordenad igual pena a pasiones iguales. 1388
EL REY.
Pues bien, después de esto, Moncada es dichoso; 1389
¿O aún sentirá imperfecta alegría, 1390
Habiéndole otorgado su rey lo que quería? 1391
MONCADA.
¿Qué? Señor, vuestro enfado es fingido... 1392
EL REY.
¿Y cómo
Pudisteis vos, Moncada, juzgarlo de otro modo? 1393
Siendo vos inocente, os trato de culpable. 1394
Sabiendo vos que soy un Rey equitativo, 1395
Vos veis que soy injusto e incluso osáis pensarlo. 1396
De tal suposición debería ofenderme; 1397
Y si Moncada en todo no supiera agradarme, 1398
Esta cuestión tendría que atraer mi ira. 1399
LEONOR.
¡Qué revés! 1400
DOÑA ELVIRA.
¡Qué he hecho!
CLOTARIO.
Qué vanas pretensiones.
EL REY.
Conoced el secreto de estas intenciones: 1401
Desde hace diez años conocer me habéis hecho, 1402
Que nunca más que vos amó un vasallo a su amo, 1403
Y jamás un vasallo fue de Rey tan querido 1404
Ni con mayor fervor que vos lo sois por mí. 1405
Os he visto embargado de una melancolía 1406
Que sola se oponía a la paz de mi vida. 1407
La causa conocí y la hice cesar. 1408
Ninguna duda ahora podría lastimaros: 1409
Juré por los derechos de la sacra corona, 1410
Que mostraría si aman a vos o a mi favor. 1411
Yo os doy mi palabra y en este gran día, 1412
Amigo, amante y rey, todo os hará dichoso. 1413
LINDAMIRA.
¡Ah, Rey incomparable al resto de los Reyes! 1414
Que por siempre este día os haga memorable. 1415
MONCADA.
¿Pude yo merecer tal bondad excesiva, 1416
Vertiendo esta sangre por vuestra majestad? 1417
Y vos, ilustre amigo, cuya alma extraordinaria 1418
Parece impenetrable a mutable fortuna, 1419
Compartamos ahora el favor de mi Rey. 1420
DON ALVAR.
Satisfago a mi alma, pues serví sólo a mí. 1421
EL REY.
Acabemos mi obra con vuestro himeneo. 1422
CLOTARIO.
¿Qué escucho? ¿Qué he hecho? ¡Oh, desesperación! 1423

ESCENA VII.

( El Rey, Moncada, Lindamira, Don Alvar, Doña Elvira, Leonor. )
MONCADA.
Príncipe... 1424
EL REY.
No, dejad este justo arrebato
Que bien ha merecido tristes remordimientos; 1425
A todos este ejemplo servirá para ver, 1426
Que ninguno penetra el alma de un Monarca. 1427
Para salir airoso de cuitas peligrosas, 1428
No hay nada como ser así de generoso. 1429
Pero acabemos ya. 1430

ESCENA VIII.

( Doña Elvira, Leonor. )
LEONOR.
Y vos, doña política,
¿Tomaréis ora parte en la gran fiesta pública? 1431
DOÑA ELVIRA.
No me vale la pena hablar de todo esto 1432
Pues me espera don Lope, que me va a consolar. 1433